
Nunca me ha preocupado lo más mínimo que mis genes se pierdan. Supongo que es justo que suceda así: la naturaleza es sabia. Hace mucho tiempo elegí a una mujer para que fuera la madre de mis hijos y ella, a su vez, escogió a un bombero. El asco acabó con su matrimonio, como es ley y lo imponen las buenas costumbres. Tuve la oportunidad de verla a ella de nuevo, ya estropeada, y con un niño a medio crecer, obeso y tonto. “Yo podría haberte dado un hijo delgado e inteligente”, me lamenté. Bah. Pero cada cual tiene lo que se merece.
Y yo no merezco tener descendencia. Si mis genes fuesen tan buenos como para que valga la pena perpetuarlos, yo debía haber sido capaz de robarle la novia a ese bombero. Él fue quien ganó la carrera. Al parecer, la conquistó diciéndole a la cara que tenía unos ojos como dos luceros en la noche oscura, y ella se enamoró. Las mujeres son simples, pero hay que atreverse. Y yo soy cobarde. Fui cobarde.
Es justo, pues, morir solo, ab intestato y sin herederos forzosos. Nunca me ha preocupado que cuando yo falte el apellido Ingle se pierda. Pero hace unos meses ocurrió algo que me está reconcomiendo:
A un amigo se le murió un tío. Era un hombre soltero, de 80 años, que vivía solo y únicamente los domingos compartía mesa y mantel con la hermana y los sobrinos. La muerte ocurrió de forma repentina. Faltó a la cita de los domingos, no daba señales, se echó abajo la puerta de su piso y estaba muerto en el suelo de la cocina, con la crisma rota y nadando en un charco de miasmas putrefactas. La autopsia dictaminó que llevaba muerto tres días. Un infarto le sorprendió en la mesa del desayuno, se desplomó, se golpeó la frente, murió. Mi amigo tuvo que limpiar la gusanera. Mi amigo dice que nunca podrá olvidar el olor.
Para mí este suceso ha sido como una revelación: que se puede vivir solo y morir solo sin ningún problema ni sufrimiento. Tendemos a pensar que alguien tendrá que cuidarnos, y por eso deseamos hijos. Pero ya ven: se puede morir con total asepsia y sin sufrir lo más mínimo, sin apenas tiempo de pronunciar la frase “hay que joderse”. Lo de los gusanos no me produce asco (esa parte desagradable es para los que se quedan). Lo que sí me produce asco es la rapiña subsiguiente: ¿qué pasa con la herencia del tío solterón?
En el caso de mi amigo, se apresuraron a ponerlo todo en venta. Se pelearon entre ellos, fue una rapiña, y todavía estaban los gusanos latiendo en el cadáver cuando ellos se paseaban, infames, con sus Mercedes y BMW nuevos por las calles del barrio. Hay que joderse.
Y esto es lo que no quiero que me pase, y por eso he pensado o estoy pensando seriamente que necesito un heredero. Porque el Sr. Ingle tiene una docena de sobrinos, algunos de los cuales no se merecen ni los buenos días (de cabrones que son) y no quiere ni pensar en la rapiña cuando el olor a gusanos lo inunde todo. Esto da mucho asco. Debe evitarse. Y hay remedios.
Ayer estaba comentando con una compañera de trabajo sobre los métodos y trucos para entretener la vida, y sobre lo difícil que es llenar el tiempo cuando no se tienen hijos ni obligaciones familiares y uno ya está aburrido de todo. Según ella, las mujeres al menos tienen la opción de tener un hijo, aunque sea a solas, y que sin embargo los hombres… Pero no comprendía cómo yo, un soltero de oro… Jah, ella no sabe que EL SOLTERO DE ORO es otro, ese simpático anti-blog, que no ha dudado en tirar cohetes al ver que Ingle y Mantel se morían y no posteaban más, y dejaban a la pobrecita Nush con el corazón partío.
Me dijo que ella tiene una amiga, precisamente, que quiere tener un hijo, aunque le faltan los espermatozoides.
-¿Tú no estarías dispuesto? Me preguntó.
Y yo, con la misma rapidez le dije que claro, que yo le donaba el semen.
-¿Pero no… la… follarías?
“Ah, no no”, le contesté arrogante. “Yo se lo doy en un bote y que ella se unte”. Supongo que estas cosas se podrán hacer. Quiero decir, uno le entrega el semen a la mujer y ella se unta con un pincel, como si fuera mermelada, o huevo batido para darle color a un pastel. Porque yo lo tengo muy claro: lo de follar sin amor está bien para los cocodrilos. El ser humano debe ser digno. Y la dignidad empieza por el amor.
En resumen: que lo estoy pensando y puede que me decida. Hay muchos detalles por resolver, pero no lo veo difícil. Yo reconocería a la criatura, le daría el apellido Ingle. Le pasaría una pensión alimenticia, le pagaría una nany para que la madre no tenga problemas para afrontar la crianza en soledad. Y luego, cuando el niño (si es niño) sea un poco más grande, podría traerlo conmigo los fines de semana, y veríamos los partidos de fútbol del Real Madrid y lo llevaría a las actividades extraescolares. Si fuera niña, mi papel sería intentar que no saliera muy puta (que es lo que deben procurar los buenos padres respecto de sus hijas hembras).
Jah. ¡Esto promete ser divertido!
