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04 marzo 2007

Hola mi amor, soy yo tu lobo




Por si usted quizás alcanzó ya una edad un poco madura y, encontrándose solo, no desea enfrentarse más a la ardua tarea de buscar una pareja, le voy a dar algunos consejos para desembarazarse de la incómoda pulsión sexual.

Quizás al principio de su nueva situación usted pensó que bastaría con omitir el deseo, desterrar los pensamientos lúbricos. Desafortunadamente vivimos en una sociedad que continuamente nos bombardea con estímulos. No podemos evadirnos. Hay que buscarle solución. Pero, ¿qué solución?

De entrada está la mano. Esto es intuitivo. De pequeños, y sin haber recibido ninguna instrucción, la mano se movió por si sola y descubrió el modo. Luego, hasta los últimos días de nuestra existencia, la mano no nos abandona. Tengo un amigo muy religioso al que un día le pregunté por qué creía él en Dios. Su respuesta fue tan sorprendente que me hizo dudar de mi ateísmo: me dijo que él veía claro que Dios existía porque nos había dado la mano. Las vacas no tienen mano, pero el granjero las proveyó de barandillas tubulares para restregarse. Más o menos es lo que hizo Dios con nosotros, al crearnos con mano.

Pero si a usted la mano no le resuelve, porque piensa que ya es mayorcito para estas cosas y le hace sentirse ridículo, o bien porque la convivencia con una pareja le acostumbró a la alteridad, tenga en cuenta que existen opciones muy satisfactorias. Expondré algunas.

Para la mujer no voy a decir mucho. El asunto es bien sencillo. Tan sólo es necesario disponer de una pequeña huerta en los aledaños de su casa o un jardincillo en el patio trasero (en la fachada no sirve, por la falta de intimidad). Pues bien, si posee esta infraestructura, hágase con una semilla de la famosa FLOR PENE y habrá resuelto para siempre el problema de la concupiscencia.

Si es usted hombre estará al tanto de los múltiples artificios que se han venido empleando a lo largo de la historia como remedio de la soledad. No haga caso, no todos valen. Déjese de animales vivos. Es cierto que criar una gallina no es difícil, pero no es cuestión de pescar una gripe aviar en sálvese la parte. Los métodos que aquí propondremos son más estériles.

Yo recomiendo el melón, que es un clásico. Y porque ahora, con esto de los frigoríficos, podemos tenerlos en cualquier mes del año, aunque no sea temporada. Provéase de uno de estos frutos, bien redondo, carnoso y con buenas semillas. Apriete en los extremos para comprobar que esté blando. Practique un agujero en una de las puntas y ¡enhorabuena! ¡Usted vuelve a estar casado! Si usa preservativo y lo guarda en la nevera, el melón le puede durar hasta quince días. En este caso, recuerde sacarlo una hora antes de la relación sexual para que coja temperatura.

Lo que pasa es que al final ocurre lo del chiste del Rey que quería echar una cana al aire. Cuando alguien le pregunta por qué teniendo una mujer hermosa como la Reina se quiere beneficiar a una plebeya, el Rey le contesta que la perdiz es muy sabrosa, pero que comer perdiz todos los días produce hastío. Y esto mismo puede pasar con el melón. Hay días en que uno desearía otra cosa.

La semana pasada vi la película LOS DOS LADOS DE LA CAMA, una cinta memorable. Aborda el tema de las parejas, las separaciones, la bisexualidad. A dos amigos les dejan sus respectivas novias, y se enrollan entre sí (ellas). Un tercer amigo también es abandonado por su novia, que le pone los cuernos. Él se va a vivir con los otros dos. Y un buen día aparece en casa con un lobo disecado, que los otros repudian. Pero él no lo suelta ni a sol ni sombra. Después de muchas vicisitudes, los dos amigos cuyas novias se convirtieron en lesbianas se ponen a meterse mano, y el del lobo, que acababa de llegar, los sorprende en la cocina. Ellos se justifican diciendo que, según los estudios, casi todos nosotros somos, en el fondo, bisexuales. El otro se queda mirando al lobo con ternura y replica: “Que me lo digan a mí…” Un golpe genial.

A mí me pareció una idea excelente, lo de tener un lobo disecado siempre a mano como compañero sexual. Es suave de pelo, nunca se pone histérico, tiene una mirada dulce y no hay que hacerle agujero, como al melón, porque el lobo ya tiene agujero. Pero ¿cómo hacerse con un bicho de estos?
El señor DEL HIERRO, amablemente, me puso tras la pista de Maxim Fedorov, taxidermista de Bielorrusia que oferta sus productos a través de su PÁGINA WEB. En cuanto vi al de la foto sentí, salvando las distancias, algo parecido al amor a primera vista. Tenía que ser mío, no había más de qué hablar. El erizo con botas y fusil también era tentador, pero el inconveniente de las púas me hizo desistir. Nada como la suavidad de un lobo estepario. Y esos ojos, penetrantes y dulces…

En fin, que hablé telefónicamente con el señor Fedorov (no sin dificultades, ya que su inglés es pobre y el mío paupérrimo), y llegamos a un acuerdo. Con el certificado veterinario para la importación, el lobo entero me salió por 1000 Euros, que pagué contra reembolso al recibir el paquete por una empresa de mensajería (DHL Internacional).

Ya llevo tres días usándolo. Por eso me he retrasado en escribir. Estos días ha habido un eclipse de luna. Pero para mí ha sido, de todas formas, una entera luna de miel. Y ahora me disculparán. El lobo disecado me mira de nuevo con sus ojitos tiernos. Tengo que dejarles. Hasta lué.