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07 febrero 2008

En tiempo de sequía no hagas tiramisú


Cuando pasan meses sin llover se sufre mucho. La desconfianza se apodera de uno: ¿Y si el cielo se hubiera cerrado para siempre? Me imagino una primavera sin pájaros, pero no una ciudad deshidratada. En el desierto se sobrevive con medio litro, pero eso es porque la arena está cerca y la arena lo admite todo y lo cubre todo (me refiero a la inmundicia).

¿Qué haría una ciudad con millones de habitantes sin poder tirar de la cadena? Siempre queda el recurso de comprar en los hipermercados arena para gatos y hacerlo en una esquina del salón. Claro que este comportamiento deshumaniza: por más que la arena sea perfumada…

Afortunadamente esta noche estoy excitado porque hay pronóstico de que mañana lloverá en Canarias, después de dos meses de estío. Esta pequeña felicidad se verá ensombrecida por la pertinaz sequedad de las tierras catalanas. Y es que yo lo paso mal también por solidaridad española. Reconozco que más arriba de los Pirineos el problema acuático ya no me conmueve. Y esto es así no por xenofobia, sino porque son los telediarios los que me inculcan la solidaridad y me provocan la angustia. El nivel de los embalses en Cataluña está al 23 por 100 y sigue bajando. Hoy mismo se anuncian multas de 3000 Euros para los catalanes que se atrevan a lavar el coche: pienso en la Sra. Akroon enfilando el Juzgado con su vehículo luciendo infames chorretones y se me saltan las lágrimas.

Depender de los embalses es muy estresante porque puedes hacer un cálculo de lo que te queda de vida. Sin agua no hay vida, y ahora mismo en Cataluña están a menos de un 25 por 100 del límite de supervivencia. En Canarias, como el agua se obtiene de pozos y galerías (y desaladoras) este problema no es visible: y ojos que no ven, corazón que no siente. Podemos jugar a que el agua que está dentro de la tierra es infinita y nunca se acabará, aunque a los niños se les pudran los dientes con el exceso de flúor.

De modo que he estado meditando estos días y se me han ocurrido muchas ideas para mitigar la escasez de agua, estirando en lo posible nuestra expectativa vital. Los remedios de siempre están demasiado manidos, y así no vamos muy lejos: dúchate en lugar de bañarte, no dejes correr el grifo mientras te cepillas los dientes, no pongas la lavadora hasta que no esté hasta la bandera de ropa hedionda, etc. Poca imaginación.

Para empezar, mientras no llueva deberíamos abstenernos de hacer tiramisú. A mí me apeteció después de muchos meses y ya ni me acordaba de la receta y sus problemas. El Minipimer estaba muerto de risa en el cajón, diciendo hay que ver cómo eres, que nunca me sacas a dar unas vueltas… Y tan olvidado lo tenía que pulsé el botón del turbo creyendo que era el de batir lento y al primer contacto del aspa con el Mascarpone las cristaleras recibieron una lluvia blanca parecida al gotelé. En fin: que el postre me quedó rico y ha sido una semana de gula total, pero la ejecución resultó tan pringosa que me cagué en mis muerto y me prometí que en adelante consumiría exclusivamente flanes Reina de huevo con bizcocho, y natillas Reina con galleta: todo prefabricado y limpio. Me pasé media hora lavando cacharros y útiles. Gasté más agua de la que seguramente consume una familia media catalana en todo un día de mear y lavarse los dientes.

Así, pues, en época de sequía nada de tiramisú. En general, consuma alimentos precocinados y use cubiertos y platos de plástico. No sea tan limpio: lavarse los dientes sólo es absolutamente imprescindible si tiene perspectivas de recibir un beso con lengua antes de dormirse. Olvídese de los jardines verdes: un parterre de grava y unos mojones de piedra causarán el mismo efecto. Deje la fregona para las fregonas. Limpie el suelo con trapos húmedos del mismo modo que los azulejos. El coche también se puede abrillantar con paños húmedos.

Recicle el contenido del cesto de la ropa sucia. Pruebe a extraer una camiseta usada y húelala: si no pierde la consciencia es prueba de que puede volver a ponérsela sin peligro. Los calcetines, que nadie los ve, no necesitan estar limpios. De la ropa interior se puede prescindir sin que pase nada. En general, haga el ejercicio de recuperar costumbres ancestrales y adquiera tolerancia al típico olor de zorro. La humanidad ha sobrevivido millones de años oliendo de esa guisa. Nada nuevo bajo el cielo. Si los pantanos van al 23 por 100, hay que ir pensando en perder los escrúpulos y reivindicar el olor a zorro. Si usted es mujer, también puede oler a zorra y nadie la recriminará.

Todos estos trucos se pueden ir aplicando progresivamente, dejando los más graves para cuando el porcentaje esté próximo al uno. Piense que se puede sobrevivir con medio litro de líquido al día para beber. El agua no es tan necesaria.

Pero si usted es ambicioso y quiere alcanzar la perfección de la sostenibilidad total, valore la posibilidad de sacar del desván la vieja escopeta de caza de su abuelo, cargue un cartucho y dispárese a la sien. En cuanto retiren el cuerpo y limpien la humedad del suelo, usted habrá alcanzado el grado óptimo de consumo de agua: Ahora puede reírse de la sequía y dejar de consultar en Internet la página del Meteosat.


PS: Fotografía del Meteosat al tiempo de firmar este post: cómo puede apreciarse, un enorme rabo de nubes dispuestas a chingar está a punto de entrar en contacto con las islas. En algunas casas, la gente ya ha comenzado a batir los huevos (para el tiramisú).