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19 marzo 2007

Quiero asesinar orangutanes




No estamos solos, queridos niños. Ellos han escapado de las jaulas, están iracundos. Huelen nuestra sangre funcionarial a kilómetros de distancia. Les excita una Administración pública.

Llegan sudorosos a nuestros edificios. Hacen incursiones a las oficinas, se alimentan de plátanos, piden ser recibidos, y vomitan su mierda en los despachos.

Los orangutanes lo pudren todo, son sus patonas peludas. Causan temblores de grado siete en la escala de los orangutanes. Quieren joderte, su placer es joderte.

Los orangutanes saben de Derecho. Cien días en la selva les va mejor que cinco años en la Facultad. Dominan leyes, esgrimen derechos, escriben instancias.
Piden dimisiones, a la par que cagan. Eructan insultos con exclamaciones. Quieren que mueras para que impere la ley de la selva. Por eso es mejor asesinarlos. Ya tengo mi hacha, y estoy en la esquina, esperándoles, malditos monstruos peludos.

Yo quiero irme de caza. Armado con una escopeta de tiros de gofio en polvo. Ya tengo la licencia, de caza mayor. Este domingo se abre la veda: Yo quiero cazar un cazador adulto. Rubio o con barba, me da igual. Que huela a sudor, me azuza el instinto. Este domingo, quiero matar a un cazador. Y llevármelo a rastros, exhibir mi presa, en un bar de pueblo. Emborracharme con ginebra y eructar de placer.

Queridos niños. La violencia es de hombres. Vamos a joder a los orangutanes y a los cazadores.