02 mayo 2006

Mierda de pato: patrimonio de la humanidad


El famoso paté, el hígado de pato, es codiciado por los estómagos exigentes y venerado en el mundo. La mierda de pato, en cambio, tan solo se venera en la Ciudad de Los Adelantados (a los que en adelante llamaremos Retrasados). En efecto: unos mastines anónimos realizaron un trabajo perfecto, una cirugía limpia y refinada con la que parecieron librarnos de ese cagarro que es el charco de agua sucia con patos vivos que "corona" nuestra esbelta Catedral.

La ciudadanía reaccionó apelando a razones sentimentales (jah, como si sentimientos y razón pudieran crecer juntos), se alegó que "siempre han estado ahí", que si nuestros niños los querían y bla bla bla. Total: que los ediles se temieron una rebelión popular, en forma de castigo en las urnas, y se afanaron para reponer a toda prisa la pérdida: de tal modo, donde antes cagaban nueve patos, ahora cagan seis, y seguimos igual.

Estamos nada menos que en el núcleo y centro de la ciudad patrimonio de la humanidad, bajo el palio y dosel de la mayestática catedral, y digo yo: ¿Qué pintan en esa esquina, en ese medio charco de agua sucia de excrementos y migas, esos tristes patos que ni siquiera se dejan coger (y lo digo sin segundas)? ¿No es un atentado al buen gusto? ¿No estarían mejor en un zoológico o en un parque normal, con jardines y tierra? Yo lo tengo claro: pasaría la apisonadora sin desalojo previo, aunque hubiera revuelo de plumas... La gente llega allí y en lugar de levantar la vista para contemplar las esbeltas cúpulas de la catedral se queda contemplando estúpidamente cómo uno de esos patos sarnosos se come los piojos o defeca amarillo en el agua: ¿es digno de contemplación el espectáculo?
Por fin han tenido que venir los de Costas de Madrid con un expediente de demolición para poner cordura en el asunto. Sí, sí. Han oído bien. Además del Hotel del Médano, que tiene los días contados (digan lo que digan los gobernantes locales, como siempre cobardes y lacayos del empresariado), parece que la caseta de los patos de la Catedral, construida por los albañiles del Ayuntamiento sin planos ni licencia, está sentenciada para demolición porque tampoco respeta las distancias al agua: examinen, si no, la foto. Comparen el Hotel y la caseta de los patos catedralicios: también ésta última se interna en la línea de pleamar de la charca, jah, invade el dominio público. Muy pronto (o eso espero) los ciudadanos laguneros tendremos que conformarnos con el hígado de pato. La mierda se habrá ido a tomar viento.

4 comentarios:

Edmundo Mantel dijo...

No, señor Ingle. La mierda de pato nos seguirá acompañando, abandone sus esperanzas. También nos seguirá acompañando la mierda en general. Lo que sí me parece muy bien es su propuesta de demolición de la caseta patuna. Y ya puestos, habría que demoler la otra caseta mayor, la de los patos mayores: la catedral. Por estar demasiado cerca de la pleamar de la mentira y la inmoralidad. Y yo apostaría por pasar también la apisonadora por allí, no sólo sin desalojar, sino con toda la curia eclesiástica lacunensis, con todas las marquesas de mantilla y con todos los cristianos enfervorecidos que infectan esta ciudad con la misma hediondez, podredumbre y mal gusto que la mierda de pato.

O mejor: hagamos un cambio. Los patos a la catedral, y la curia, las marquesas y los feligreses, al charco.

JOHNNY INGLE dijo...

Sr. Mantel:
Mire que me ha aguado la fiesta. Yo pensaba mantarle el vínculo de mi Blog (y lo digo sin narcisismo) a su Reverendísima el Obispo de la Diócesis, para "compartir criterios" y ahora va usted y me lo subleva con esos encendidos comentarios.
¿Debo aplicarle la pestaña "moderar comentarios" o va usted por sí solo a morderse la lengua?
Ay, señor mantel:
Pero no se preocupe, porque yo mismo había pensado también en una próxima entrada a propósito de una hoguera que armó la de San Quintín hace un par de meses... Y de otras hogueras de hace varios siglos...

ornitorrinco enmascarado dijo...

Yo también me apunto a la idea de intercambiar plumíferos por sotanas, pero se me plantea un problema de índole práctica: ¿Cómo hacerlo? ¿Metemos a los patos en la catedral primero, y luego tiramos a los curas al charco, o al revés?

Lo digo por que es bien sabido que no se pueden dejar juntos a inocentes criaturitas indefensas (los patos) junto a alimañas desaprensivas pederastas (los curas). ¿Cuanto tiempo aguantarían angostos los anos de las ánades?

JOHNNY INGLE dijo...

Para mí que los patos nunca han sido "inocentes".
De hecho, según los estudios más recientes sobre el idioma hebreo antiguo, la queja de Adán a Jehová cuando le pidió una pareja fue en realidad:
"Señor: ya estoy harto de los patos. ¿Por qué no me extraes una costilla y me haces una que sea carne de mi carne? Y es que, señor, ¡tú no sabes cómo se defienden los patos: a picotazos!