18 abril 2008

El inquilino ideal




Meses atrás una tía solterona había fallecido, dejándolo a él como heredero de su única posesión: un céntrico apartamento que necesitaba algunas reformas. El piso olía a vieja por todas partes. Ragebundo Pantriel hizo cambiar el suelo y los alicatados. Sustituyó puertas y ventanas, la instalación eléctrica y de fontanería. Pintó las paredes de un bonito color y alhajó las habitaciones con muebles sencillos y baratos. ¿Y ahora qué?

No lo necesitaba como vivienda, él ya tenía casa. Se planteó venderlo y obtener una ganancia pero rápido se dio cuenta de que no sabría en qué gastar el dinero. Pantriel llevaba una vida de soltero que sobrepasaba la austeridad para rayar el aburrimiento. Detestaba dejar el piso arreglado y vacío, pagando impuestos sin ninguna utilidad. Sus compañeros de oficina opinaron que debía alquilarlo, proposición que él desterró prefigurándose los impagos, pleitos, desperfectos, etc.
Un par de semanas más tarde cambió de opinión y se lanzó a la aventura. Su asesor fiscal le aconsejó que buscara un inquilino menor de 35 años, ya que así se ahorraba muchos impuestos.

-Y si es mujer mucho mejor –añadió: los hombres son más sucios y lo dejan todo perdido de pelos.

Ragebundo hizo caso y publicó el siguiente anuncio: "ALQUILO PISO A MUJER JOVEN Y GUAPA. FUNCIONARIA Y SIN PERRO". ¿En qué estaría pensando? Se dio cuenta cuando lo vio publicado: lo de guapa no venía a cuento. Pero ya estaba hecho.

La primera candidata le pareció perfecta. No buscó más. Ella también se mostró deslumbrada al cruzar el vestíbulo del apartamento: tan limpio, renovado y luminoso. Era guapa. A Ragebundo le temblaba la voz mientras le mostraba las habitaciones. Él nunca imaginó… Y tanto se distrajo con la belleza de la joven que pasó por alto las instrucciones del asesor: que debía exigir un fiador o un aval bancario. También se olvidó de explicarle que los gastos de comunidad y servicios eran aparte. Aceptó que todo estaba incluido en esos 500 Euros que eran una miseria para como estaba el mercado.

Gaudencia del Carmen prometió regresar diez días más tarde con la mudanza y para firmar el contrato. Durante ese lapso Regebundo se dedicó con entusiasmo a completar los detalles y enseres de la vivienda. Sartenes y cuencos. Cambió los tenedores por otros más caros. Añadió toallas. Un aparato de música. Un despertador. Un ventilador para el sofoco. Un cepillo de dientes con su vasito. Estropajos para lavar los platos. Jabón para la lavadora. Cuando se dio cuenta estaba metiendo en la cómoda media docena de bragas de finos encajes. ¿Sería un exceso? Se ruborizó un rato pero una nueva sonrisa asomó a su boca.

El contrato que tenía preparado acordaba que la renta se pagaría por transferencia a su cuenta corriente en los primeros cinco días de cada mes. De esa manera no tendría que estar pendiente de venir al piso a cobrar. Pero no. Eso lo entristeció de repente. Así que se sentó frente al ordenador y redactó de nuevo la cláusula: la renta sería cobrada en el domicilio de la inquilina, exactamente el día cinco de cada mes.

-Es cierto que me queda un poco lejos –reconoció Ragebundo mientras le entregaba las llaves a la muchacha-, pero será todo un placer…

La primera vez ella lo hizo pasar al salón y le preparó café mientras él contaba los billetes. ¿Está todo bien?, preguntó Pantriel tímidamente mientras se limpiaba con la servilleta. Un poco pequeñas las bragas, respondió ella insolente, con una pícara sonrisa, mientras se acariciaba las caderas. Y era verdad: había errado Ragebundo sobremanera, porque Gaudencia del Carmen cargaba un culo imponente. Era delicioso.

El segundo mes, después de contar el dinero, Ragebundo invitó a cenar a su inquilina, que se había portado tan bien y cuidaba tanto el piso. Será como un premio, le dijo. Y ella aceptó. La comida fue cara, costó justo la mitad del alquiler. ¡Pero qué importaba!

El tercer mes se repitió la invitación. Comenzaba a parecer una costumbre. Pero luego hubo además unas copas.

El cuarto mes regresaron al apartamento después de la cena y se amaron con precipitación. Ragebundo estaba tan alterado y tan feliz…

El quinto mes ya no hubo cena. Hicieron el amor y el enamorado Pantriel regresó a su casa a media noche sin cumplir el cometido de cobrar la renta: se había olvidado por completo. Y así transcurrieron las siguientes mensualidades. No en todas hubo sexo, porque a veces Gaudencia del Carmen se sentía cansada, o le dolía la cabeza. Pero ya a Pantriel le daba apuro mencionar siquiera el recibo del alquiler.

Qué curioso. Siempre lo habían hecho en el sofá. Ella nunca lo invitó a pasar al dormitorio. Y ahora que se acordaba: nunca respondía al timbre otro día que no fuera el cinco de cada mes. La seguía deseando, pero ella raramente le daba pie. Lo conformaba con unos besos y su conversación para luego despedirse alegando prisa.

Al cumplirse un año del contrato Gaudencia le comunicó que dejaba el piso y él, que la había imaginado para siempre, se llevó una sorpresa. Ni siquiera se quedó para la devolución de las llaves. Le avisó con un mensaje que estaban en el buzón y no volvió a verla. El cabizbajo Pantriel entró en el departamento, lo inspeccionó todo: el sofá que había sido su nido de amor, el cuarto de baño, donde continuaba el cepillo de dientes sin estrenar. Las esquinas del dormitorio estaban llenas de pelos: parecían de hombre. Todo muy sucio. Estiró las mantas y encontró un colchón lleno de manchas amarillas y otras más oscuras. Se agachó y miró debajo de la cama: el suelo estaba lleno de preservativos usados y pelos, muchos pelos.

-De macho: Hay que joderse-, se lamentó Pantriel, y pensó con aburrimiento en vender el piso.

25 marzo 2008

Pecados Vista Home Premium Edition



Las empresas necesitan renovar sus productos para seguir vendiendo. Los diseñadores de moda nos manejan como borregos: un año nos imponen las maxifaldas, al siguiente miniminifaldas; una temporada pantalones de pitillo, la siguiente patas de elefante. Y los de coches igual: ya no les bastan los faros redondos o cuadrados, y se desquician por la búsqueda de extrañas formas. Las compañías de software rayan la histeria con las sucesivas versiones de sus programas. Aplicaciones como iTunes, eMule o Second Life resultan extenuantes: cada vez que intentas utilizarlas te invitan a descargar la "nueva" versión disponible. Si aceptas, el proceso puede durar media hora. La coña es que justo el día anterior habías actualizado. Y luego los supuestos cambios no se ven por ningún lado.

Pero una cosa es ofrecer a diario nuevas versiones del producto, y otra dormirse en los laureles durante un milenio: Es lo que le ha ocurrido a la Iglesia de Roma con su producto estelar "Pack-Duo Pecados + Culpa". Al final se han percatado de que estaban perdiendo negocio y que personas que antaño dedicaban la mañana de los domingos a confesar culpas ahora se la pasan jugando al tenis con la Wii.

Los inventores de culpas han desempolvado sus herramientas y, por fin, ha visto la luz la última versión de Pecados Vista Home Premium Edition. Mucho mejor, dónde va a parar. El viejo "Pecados" no estaba en armonía con el correr de los tiempos. A estas alturas, por ejemplo, ya nadie fornica. La fornicación exige recato y culpa, mucha culpa. Pero la gente de ahora es más propensa a follar que a fornicar. Y follar se hace con descaro, y si se puede se cuenta a los amigos en el bar. Ahí tenemos ese ejemplo de los doscientos adolescentes de un Instituto en Inglaterra, chicos y chicas, que borrachos como piojos se entregaron a una orgía con total impudicia y falta de prevención. Volvemos a la cultura clásica de los griegos, está claro.

No puede ser que la gente esté por ahí tan despreocupada, disfrutando de la vida sin el menor atisbo de culpa. Así no se progresa. Hay que estorbar un poquitín las conciencias para que resplandezcan las almas. Es preciso joder la fiesta a los que piensan que vivir es el gozo sin las sombras. En este sentido, alabo el acierto de tipificar nuevas conductas pecaminosas: drogarse, enriquecerse más de la cuenta o perjudicar al medio ambiente.

Hombre, se han quedado cortos, quizás. Si uno se pone a meditar, se podría haber hecho un poco más por la sanidad moral del planeta. Lo de enriquecerse demasiado, por ejemplo: ¿cuánto es "demasiado"? El dinero nunca es mucho, uno lo ve así, y entonces empieza la inseguridad moral: ¿estoy pecando o tengo una economía saneada?

Si la Iglesia fuera congruente tendría que extender el ámbito de lo pecaminoso. La misma Iglesia que condena el uso del condón para prevenir contagios tendría que recriminar a las amas de casa que se protegen las manos con guantes de látex para lavar los platos. Y con la misma vara que se reprueba toda ingerencia en el curso natural de la vida una vez se ha producido el engendro, tendría que recriminarse el uso de artilugios como los airbags o los cinturones de seguridad, que sin duda interrumpen de manera antinatural el curso ordinario de la muerte accidental.

La conducta perjudicial para el medio ambiente resulta un concepto demasiado difuso, y si no se detallan casos más concretos se corre el riesgo de que mucha gente incurra en pecado mortal por pura ignorancia. Está claro, por ejemplo, que las mujeres que se depilan pecan gravemente contra el medio ambiente, por el gasto excesivo de energía de los artilugios que eliminan el vello. Una mujer bigotuda sería, a ojos del pueblo, una mujer virtuosa. Esto supone una gran ventaja, ya que si la honra va escondida y es un misterio, los bigotes no pueden ocultarse.

Está bien esto de ampliar los pecados. Es moderno. Pero la Iglesia tendría que ser más ambiciosa, si quiere estar a la altura de otras instituciones como la Hacienda Pública. Es normal, en efecto, que la Administración compense deudas con créditos. De este modo, el Estado se cobra una multa a cuenta de la devolución del IRPF. Las culpas deberían ser también compensables. Por ejemplo, una persona que folla poco o que no folla nunca tendría una cuota negativa en la casilla de culpas venéreas, lo que le permitiría enriquecerse unos puntitos más que aquellos otros que disfrutan del sexo al menos los sábados por la noche.

Otro caso: si un hombre cumple religiosamente con el mandamiento de reciclar las botellas de vidrio, y baja a la calle a depositar sus cascos en el contenedor verde, de regreso a casa puede tocar en la puerta de la vecina y tirársela sin recibir por ello reprobación moral, ya que cumplir con el medio ambiente le otorga un saldo positivo que puede compensar con sexo pecaminoso.

Y se me ocurre más: la Iglesia tiene en sus manos una solución para el grave problema de la piratería. Si la Justicia se ve impotente para abarcarlo, la religión lo tiene fácil: basta con tipificar como pecado digital la descarga de archivos con eMule. Sería asimilable a la orgía: yo te doy, tú me das, todos a disfrutar de lo que tienen los demás. Al mismo tiempo, si en la casilla de la Declaración de la Renta se asigna un canon moral por descargas de Internet, el sujeto pasivo se beneficiaría de una bula que le permitiría bajarse hasta un Gb al mes en canciones o películas (salvo las de contenido porno, que no se admitirían a no ser que las actrices hagan las escenas sin depilarse la entrepierna, en cuyo caso actuaría la compensación de pecados por beneficiar al medio ambiente).

En fin. Lo dejo. Me siguen viniendo ideas a la mente, pero ahora voy a estar ocupado: acabo de escuchar el ruido de botellas de vidrio en el contenedor verde de la calle, y ahora mi vecina está tocando a la puerta porque quiere compensar pecados esta noche.

11 marzo 2008

Sin tetas no hay paraíso



Hay motivos y formas para disgustarse a la medida de cada uno. Mi madre había sentenciado que si Zapatero ganaba las elecciones no podría seguir viviendo. Esta noche me llamó y sigue viva, pero muy jodida. Me preguntó que cómo puede la gente votar a Zapatero con este "desastre" que ha hecho en España. El desastre, al parecer, está compuesto por los matrimonios gay, la exhumación de muertos de la Guerra Civil y la negociación con ETA. Yo le expliqué que a lo mejor es que para la gente que votó a Zapatero esas cuestiones no suponen ningún desastre. Pero ella no se consuela. Le hago ver que lo importante es que tiene una casa sin hipoteca, una pensión de viudedad, médicos y pastillas gratis, un loro y dos gatos. También le recuerdo que es la única del pueblo con televisión plana (que yo le regalé estas Navidades), que mira por dónde en tiempos de Franco fuimos los últimos en antenizarnos, y que para eso tuvo que bordar mucha mantelería y criar muchos cerdos…

Pero me confesó que no tiene ganas ni de ver la televisión, y que ahora incluso le da rabia, porque esa tele tan bonita que le regalé sólo sirve para que en el recuadro salgan Zapatero y los suyos celebrando una victoria que a ella es como si le hubiera robado la vida.

Sin embargo tengo una tía, hermana de mi madre, que también es del PP pero de otra forma. Mi tía dice que la victoria de ZP no le quita el sueño, y que contra un buen chuletón de buey para el almuerzo no hay pena que valga. Mi tía, con 90 años, no se pierde un partido del Real Madrid y los escucha todos por la radio. Mi madre detesta el fútbol, aunque usa unas medias blancas del equipo merengue, que algún nieto dejó abandonadas tiempo ha.

A mí me apasiona el Real Madrid, y esta semana fue eliminado de la Champions Ligue. Estas cosas suelen deprimir. Pero reconozco que me importó un bledo (y un cojón, por si no queda claro). Y es que para lo mal que juegan, los cabrones, y para lo inútil que es Raúl… bien está que hagan las maletas y se marchen a su casa. Algunas mujeres dicen que un hombre que no las hace disfrutar no les sirve para nada: Es justo lo que me pasa con los jugadores del Real Madrid.

Respecto a las elecciones… cualquiera que hubiese sido el resultado no me habría afectado gran cosa: ya que sigo cobrando el mismo salario y comiendo de los mismos manjares.

Sin embargo, fíjense ustedes por dónde, me llegó mi ración de disgusto: fue el sábado por la noche. Qué terrible golpe, santo cielo. La gala para elegir al representante español en Eurovisión. La infamia, el oprobio, la vergüenza a espuertas. Yo decía como mi madre: si gana Rodolfo Chikilicuatre no quiero seguir viviendo. O como Sánchez Dragó (también respecto a Zapatero): si gana Rodolfo yo me marcho de España.

Porque sí. ¿Quién puede soportar quedarse en este país en el que a tanta cantidad de gente no le importa embadurnarse de mierda y presentarse así a los ojos del resto de los europeos con la graciosa disculpa de que "tenemos sentido del humor"?

Pues na de na. Lo del Chiki Chiki ni es humor friki ni es humor casposo. Eso es horterismo y mal gusto y da asco. No soy euro fan y el festival lo veo cuando me parece si tengo ganas. No es cierto que esté en declive, ni que no tenga audiencia, ni que se haya convertido en un amaño de los países del Este. Hace dos daños, cuando España presentó a las abominables Ketchup, hubo un nivelazo en el festival. Fue un espectáculo visual, moderno, con canciones muy meritorias que tengo incorporadas a mi iPod, y los primeros puestos fueron para Noruega, Rusia, Suecia, Irlanda. Los denostados países del Este nos daban ocho vueltas con sus coreografías, cuerpos de baile, sus vestuarios y puestas en escena.

Por eso creo que España y los españoles podrían tomarse más en serio el festival. Dejar de lloriquear y de protestar porque siempre acabamos los últimos porque llevamos una flamencada o la Rosa de turno (y no nos vota ni dios). El festival debe ser una pasión, como el fútbol. Pero a nadie que no tenga un equipo favorito le apasiona el fútbol. Si tenemos una buena canción y un buen artista, Eurovisión se salvaría por sí sola.

Yo apoyé a INNATA, y no sólo porque es abogada. Había estado escuchando su canción a lo largo de la semana. "Me encanta bailar", ese es el título. Un tema con muchas curvas de melodía (no machacón), mitad en inglés y mitad en español. Una de esas canciones que me vuelven loco. Me gasté dos euros, dos votos. Voté con conocimiento de causa y seriamente. A esa señora sí me la imagino ganando el festival. Sí, vale, es cierto que en la gala televisiva salió algo pobre, se le notaba poca voz por la ansiedad, y el arreglo musical para el directo mató los coros y ensombreció el sintetizador cañero. Y sí, es cierto que la abogada se soltó la melena más de la cuenta y representó una coreografía un poco pendón, y el corpiño disparaba la fantasía (pero es pecadora venial si la comparamos con la sueca Carola, que hace dos años se trajinó al director del casting en el asiento trasero de un coche para salir elegida: eso sí, la chica vale).

Bah. Pasó desapercibida. Pero no en mi corazón. Le acabo de dejar un mensaje en su blog. Quiero que sepa que estoy loco por su música y que lo de Rodolfo es una infamia. Innata tiene otros temas emblemáticos como "Ama lo que mamas" y "Sin tetas no hay paraíso", lo que dice mucho de su lirismo y su quehacer poético.

Nunca he pensado en las tetas como parte del paraíso, pero el domingo tuve una prueba en contrario. Estaba en mi casa, en el piso alto, mirando por la ventana, y se paró un coche en la vivienda de al lado. Salió una mujer joven, con un vestido blanco muy escotado. Para dejarle su perrito a cuidar a los vecinos. Desde mi altura, puede observar las tetas de esta mujer: un auténtico milagro nunca visto. Sin llegar al concepto de "senos supranasales", eran como dos melones verdes colocados en su sitio, tan firmes, tan blancos. Y desde arriba daba gloria verlos. Tuve la convicción de que si esa mujer hubiese estado a medio metro de mí le hubiese entregado lo que me pidiera. Le habría donado por completo mi voluntad. Mi voto, si lo quiere, señora, es todo suyo. Elija sobre blanco y sobre sepia. Cuatrocientos euros no compran un voto, pero dos tetas hermosas desde luego. Mirando sus tetas, señora, estoy en el paraíso:

Come on and dance with me, ven y baila conmigo,
dance, que a mí me encanta bailar y
bailaremos con la música toda la noche… Etc.

03 marzo 2008

Cierra los ojos, abre el culo y...




Cierra los ojos, abre el culo y verás el mundo oscuro. Cuando era pequeño se usaba mucho esta gran sentencia, que encierra una gran sabiduría. Bucay nos recuerda que para amar hay que tener los ojos bien abiertos. Los pobres miopes son los que lo tienen crudo: por mucho que abran los ojos, seguirán viendo un mundo tan oscuro como el que puede contemplarse a través del culo.

Afortunadamente tengo sólo una dioptría, y uso gafas únicamente para ver el ordenador y la tele, leer o conducir. Pero una amiga de siete dioptrías lo estaba pasando fatal y ha tomado la decisión de operarse. Le era un suplicio despertarse en mitad de la noche y tener que ponerse las gafas para poder ver la hora en el despertador. Una putada, sí señor. Qué diferente es guiñar un poco el párpado y seguir durmiendo plácidamente. Pero esto tiene remedio: Se podría fabricar un reloj especial para miopes con un sensor que capte el movimiento de la cabeza incorporándose para mirar la hora. Una voz cibernética se encargaría de anunciar: "Son las cuatro y media, aún no es hora de levantarse. Puede seguir durmiendo".

Esto es sólo un ejemplo de la adversidad que debe soportar un miope. Pero hay más. Las playas, sin ir más lejos, son lugares de una crueldad sin límite. El bañista miope tarde o temprano tendrá que guardar las gafas en su funda y tirar para la orilla, en busca del agua. Mi amiga me ha contado que en este corto trayecto lo normal es darse de bruces con otras personas medio desnudas que reaccionan con ira ante el incomprensible encontronazo. Muchos la llaman "antipática", porque piensan simplemente que "no se esfuerza". Y claro, no es cuestión de ponerse a dar explicaciones sobre el problema de la visión defectuosa.

Los miopes, cuando caminan sin gafas o lentillas, se orientan por los bultos. Y esto resulta especialmente peligroso en una playa atestada de hombres tomando el sol. En cierta ocasión, mi amiga no sólo se tropezó con un señor que estaba tendido en la arena, sino que le pisó con contundencia justo ahí: en el bulto de la entrepierna. El alarido fue monumental. Tuvieron que llamar a los socorristas y al final no hizo falta una ambulancia. Pero por los pelos… Y nunca mejor dicho.

Ahora mi amiga ya está operada y le ha perdido el miedo a la playa y a los bultos de los bañistas. Está contenta de poder ver la hora en el despertador sin ponerse las gafas, y se siente aliviada de no tener que andar con el engorro de las lentillas. Pero le daba un poco de pena tirar unas gafas con montura de pasta que se había comprado hace poco, y que le daban un agradable aspecto "intelectual". Lo que ha hecho es desmontar los cristales y ahora se pone algunas veces las monturas vacías, como hacen los actores cuando tienen que interpretar a un personaje gafudo.

A mí me gustaría poder operarme mi única dioptría. Pero la operación con láser no está indicada para casos tan leves. Hace un par de años anunciaron que se había desarrollado una nueva técnica aplicable a cualquier graduación y a cualquier defecto (no sólo a la miopía). Al parecer, se trataba de corregir la curva de la córnea con magnetismo. De este invento maravilloso nadie ha vuelto a rechistar. Es posible que sólo se tratase de un cantamañanas con ganas de salir en los telediarios.

Los avances en las técnicas quirúrgicas no cesan y a veces resultan chocantes y folclóricos. En el Hospital St. George de Alabama están experimentando con una novedosa operación con láser. De esto, que yo sepa, todavía no se habla en las televisiones. A mí me lo ha contado un amigo que está haciendo un postgrado en EEUU. Con esta operación no tratan de corregir la disfunción ocular, sino que exploran las posibilidades de orientación por medio de otros órganos sensoriales. Lo que hacen con el láser es aguzar o afilar las cuerdas vocales del miope. Tras la operación, el paciente puede emitir ultrasonidos, cuya señal de rebote le informa de la presencia de objetos en el entorno y le permite evitarlos.

Fue fácil encontrar esta solución. El médico responsable del hallazgo es aficionado a la espeleología, y se inspiró en los gráciles movimientos de los cegatos murciélagos dentro de una caverna oscura.

Dicen que hay un efecto secundario, que según a quien le podrá o no importar. Ojo, que puede ser desagradable. Mi amigo de EEUU estuvo aquí en Carnavales y se trajo a una chica americana (una medio novia, para entendernos), que se había hecho la operación con láser en las cuerdas vocales. A mí no me parecía gran cosa, con la piel tan blanca y rosada y con tantas pecas… Pero él estaba entusiasmado, que si es muy cariñosa, que si me da unos besitos… unos mordisquitos aquí… en el cuello.

Parece ser que las personas que se orientan por ultrasonidos desarrollan un ansia mórbida de chupar sangre de animales vivos. Por si acaso, yo le he aconsejado a mi amigo que no practique sexo oral con su chica americana…

21 febrero 2008

Elixir de la eterna senectud


En el Diario 20 Minutos de hoy se comentan posibles acciones del Ministerio de Sanidad contra Sánchez Dragó por recomendar el consumo de melatonina, sustancia clasificada como medicamento y cuyo uso sólo pueden prescribir los facultativos. Sánchez Dragó declara que la toma desde hace años y que para él constituye un elixir de eterna juventud.

Me parece mal que se persiga a Sánchez por este motivo. Si realmente es una droga que pueda acabar matándolo, es lo mejor que podría ocurrirle a la humanidad. Dragó afirma que es inocua, pero está claro que, como mínimo, produce confusión mental: si no, ¿a qué viene eso de afirmar que es el elixir de su eterna juventud? ¡Pero por dios! ¿Se habrá visto la cara en algún espejo? ¡Si tiene más arrugas que la entrepierna de un taxista!

Ciertamente es un hombre de una cierta edad. Pero aún cuando era joven ya tenía la misma cara de papa arrugada. Es el eterno viejo. De modo que si su secreto es que consume melatonina a espuertas, lo que esto demuestra es que la tal sustancia no rejuvenece, sino que directamente le lleva a uno a la Residencia Geriátrica a la velocidad de un Ave Madrid-Barcelona o viceversa.

Sánchez Dragó, sin embargo, está convencido: la ingesta de esta droga le permite desarrollar una actividad frenética, que se traduce en tres libros en diez meses, programas de televisión, conferencias, columnas en periódicos, entrevistas, viajes cañeros, juergas (que yo creo que se refiere a irse de putas), etc. Si estos efectos fueran atribuibles a la melatonina, habría que sancionarlo o meterlo en un centro de desintoxicación: porque los pobres españoles no nos merecemos tres libros de Sánchez Dragó en diez meses. Es demasiado castigo para nuestros pecados.

Confieso que sólo me he leído un libro de este señor: "La prueba del laberinto". Creo que fue Premio Planeta, si no recuerdo mal. Pero qué asco de novela, oiga. Una mierda de pájaro es más literatura que lo que escribe este individuo, que infringe brutalmente lo más sagrado de la escritura creativa. El libro no es más que una recopilación de refranes, aforismos y frases hechas: lo cortés no quita lo valiente, los que las dan las toman y a otra cosa mariposa. Así es como habla el narrador de "La prueba del laberinto". En cualquier taller de escritura le hubieran dicho a este espantajo arrugado que usar frases hechas, manidas y sobadas, es un pecado de órdago, y que el arte de crear escribiendo consiste en eso: en el hallazgo de lo insólito y lo inesperado. Por lo demás, la acción de la novela se resume en una sucesión de majaderías incomprensibles sólo pausadas para que el escritor-narrador consuma su ración de hachís (la melatonina se entiende implícita). Pretenciosamente llama a su hija ficticia Samarcanda, cuando es posible que su hija real se llame Merche o Almudena, como cualquier madrileña (no voy a investigar si tiene hijas, que no me interesa).

Si escribiendo libros es un caga-tulipanes, deberían proscribirlo en las televisiones, ya que, por muy bonitos atriles que use para apoyar su guión, resulta intolerable para el telespectador tener delante el rostro arrugado de este drogata durante una hora con sus minutos. No es un secreto que a los niños les espantan los viejos. Si sacamos a Sánchez de la caja tonta protegeremos nuestros infantes, en particular, a la Infanta Leonor de Borbón, a la que debemos resguardar de experiencias desagradables para que en un futuro nos represente con dignidad y no se dedique a enseñar las bragas a la prensa y atropellar peatones, como hace Britney Spears.

Además de promocionar la melatonina, Sánchez Dragó es también un notable mentor del sexo tántrico: otra de las recetas que, según él, le permiten sostener su frenética actividad mediática. La doctrina tántrica arguye que la eyaculación del hombre le supone un esfuerzo ciclópeo y le repercute un agotamiento extremo. Literalmente: el hombre se queda "mamado". Por eso recomienda que de cada diez veces que se haga el amor, se eyacule sólo una. En el resto de los episodios el macho debería contenerse y volver al relax sin consumar.

Parece una barbaridad. De todas formas lo del agotamiento no puede haber quién lo niegue. Si uno no se duerme, las cuatro o cinco horas siguientes a la explosión blanca son muy grises, de ánimo y de fuerzas físicas. El macho se vuelve pesimista y la sensación corporal es como si hubiese donado medio litro de sangre. Así de inválido es el post coitum.

Sin embargo, peor que el agotamiento es eso de "reservarse" y guardar "el asunto" para otro día que pinte mejor. Creo que va contra la naturaleza. En el fondo, el hombre es como cualquier animal de ubre (vaca o cabra), que si no se ordeña a diario se pone inquieto y de mal carácter.

A mí me cuesta creer que Sánchez Dragó practique el sexo tántrico, como también me cuesta creer que practique cualquier otra variante del sexo (incluida la ordinaria). No sé qué clase de persona (hombre o mujer) podría tener tanto estómago como para consentir, aún a cambio de dinero, tener de frente la cara arrugada de este yonqui de la melatonina (si tiene así la cara, no quiero imaginarme su escroto).

En fin. No puedo escribir más: He de reconocer que esta tarde me siento bastante débil…


PS: Por si alguien está más dotado que yo para la caridad, Sánchez Dragó regenta su propio blog. Él agradecerá sus jugosos comentarios. En su página hay links para comprar melatonina: por si usted gusta de ser eternamente joven.

07 febrero 2008

En tiempo de sequía no hagas tiramisú


Cuando pasan meses sin llover se sufre mucho. La desconfianza se apodera de uno: ¿Y si el cielo se hubiera cerrado para siempre? Me imagino una primavera sin pájaros, pero no una ciudad deshidratada. En el desierto se sobrevive con medio litro, pero eso es porque la arena está cerca y la arena lo admite todo y lo cubre todo (me refiero a la inmundicia).

¿Qué haría una ciudad con millones de habitantes sin poder tirar de la cadena? Siempre queda el recurso de comprar en los hipermercados arena para gatos y hacerlo en una esquina del salón. Claro que este comportamiento deshumaniza: por más que la arena sea perfumada…

Afortunadamente esta noche estoy excitado porque hay pronóstico de que mañana lloverá en Canarias, después de dos meses de estío. Esta pequeña felicidad se verá ensombrecida por la pertinaz sequedad de las tierras catalanas. Y es que yo lo paso mal también por solidaridad española. Reconozco que más arriba de los Pirineos el problema acuático ya no me conmueve. Y esto es así no por xenofobia, sino porque son los telediarios los que me inculcan la solidaridad y me provocan la angustia. El nivel de los embalses en Cataluña está al 23 por 100 y sigue bajando. Hoy mismo se anuncian multas de 3000 Euros para los catalanes que se atrevan a lavar el coche: pienso en la Sra. Akroon enfilando el Juzgado con su vehículo luciendo infames chorretones y se me saltan las lágrimas.

Depender de los embalses es muy estresante porque puedes hacer un cálculo de lo que te queda de vida. Sin agua no hay vida, y ahora mismo en Cataluña están a menos de un 25 por 100 del límite de supervivencia. En Canarias, como el agua se obtiene de pozos y galerías (y desaladoras) este problema no es visible: y ojos que no ven, corazón que no siente. Podemos jugar a que el agua que está dentro de la tierra es infinita y nunca se acabará, aunque a los niños se les pudran los dientes con el exceso de flúor.

De modo que he estado meditando estos días y se me han ocurrido muchas ideas para mitigar la escasez de agua, estirando en lo posible nuestra expectativa vital. Los remedios de siempre están demasiado manidos, y así no vamos muy lejos: dúchate en lugar de bañarte, no dejes correr el grifo mientras te cepillas los dientes, no pongas la lavadora hasta que no esté hasta la bandera de ropa hedionda, etc. Poca imaginación.

Para empezar, mientras no llueva deberíamos abstenernos de hacer tiramisú. A mí me apeteció después de muchos meses y ya ni me acordaba de la receta y sus problemas. El Minipimer estaba muerto de risa en el cajón, diciendo hay que ver cómo eres, que nunca me sacas a dar unas vueltas… Y tan olvidado lo tenía que pulsé el botón del turbo creyendo que era el de batir lento y al primer contacto del aspa con el Mascarpone las cristaleras recibieron una lluvia blanca parecida al gotelé. En fin: que el postre me quedó rico y ha sido una semana de gula total, pero la ejecución resultó tan pringosa que me cagué en mis muerto y me prometí que en adelante consumiría exclusivamente flanes Reina de huevo con bizcocho, y natillas Reina con galleta: todo prefabricado y limpio. Me pasé media hora lavando cacharros y útiles. Gasté más agua de la que seguramente consume una familia media catalana en todo un día de mear y lavarse los dientes.

Así, pues, en época de sequía nada de tiramisú. En general, consuma alimentos precocinados y use cubiertos y platos de plástico. No sea tan limpio: lavarse los dientes sólo es absolutamente imprescindible si tiene perspectivas de recibir un beso con lengua antes de dormirse. Olvídese de los jardines verdes: un parterre de grava y unos mojones de piedra causarán el mismo efecto. Deje la fregona para las fregonas. Limpie el suelo con trapos húmedos del mismo modo que los azulejos. El coche también se puede abrillantar con paños húmedos.

Recicle el contenido del cesto de la ropa sucia. Pruebe a extraer una camiseta usada y húelala: si no pierde la consciencia es prueba de que puede volver a ponérsela sin peligro. Los calcetines, que nadie los ve, no necesitan estar limpios. De la ropa interior se puede prescindir sin que pase nada. En general, haga el ejercicio de recuperar costumbres ancestrales y adquiera tolerancia al típico olor de zorro. La humanidad ha sobrevivido millones de años oliendo de esa guisa. Nada nuevo bajo el cielo. Si los pantanos van al 23 por 100, hay que ir pensando en perder los escrúpulos y reivindicar el olor a zorro. Si usted es mujer, también puede oler a zorra y nadie la recriminará.

Todos estos trucos se pueden ir aplicando progresivamente, dejando los más graves para cuando el porcentaje esté próximo al uno. Piense que se puede sobrevivir con medio litro de líquido al día para beber. El agua no es tan necesaria.

Pero si usted es ambicioso y quiere alcanzar la perfección de la sostenibilidad total, valore la posibilidad de sacar del desván la vieja escopeta de caza de su abuelo, cargue un cartucho y dispárese a la sien. En cuanto retiren el cuerpo y limpien la humedad del suelo, usted habrá alcanzado el grado óptimo de consumo de agua: Ahora puede reírse de la sequía y dejar de consultar en Internet la página del Meteosat.


PS: Fotografía del Meteosat al tiempo de firmar este post: cómo puede apreciarse, un enorme rabo de nubes dispuestas a chingar está a punto de entrar en contacto con las islas. En algunas casas, la gente ya ha comenzado a batir los huevos (para el tiramisú).

28 enero 2008

Historia de la medicina moderna



Debo confesar que no tenía la menor intención de escribir esta tarde. El que conozca un poco a la Sra. Akroon sabe que no es posible eludir del todo la obligación de postear. Ella regresa más pronto que tarde con su fusta justiciera y uno a preparar el culo y a ponerse a escribir. Jo, pero la pereza es la pereza, y la falta de imaginación a veces se asoma a una ventana y grita con pavor a los transeúntes.

Windows estaba apagándose y en el último momento me arrepentí y visité el blog de la Sra. Zafferano, principal suministrador de energía eléctrica para la isla de Tenerife después de la Central Térmica de Granadilla. Leí su disertación sobre la hipertensión y comencé a escribirle un comentario que se me fue alargando tanto… alargando tanto, que al final exclamé: ¡estoy entonao! Lo que he hecho es robar mi comentario de allá, de su blog, y traerlo aquí. Que me perdonen los puristas, pero es que su blog y sus comentarios se emiten bajo licencia "Creative Commons", y eso quedaría en agua de borrajas si uno no se dedica a piratear y piratear como buen español.

Aquí está, pues, la HISTORIA DE LA MEDICINA MODERNA, según el comentario a la hipertensión de la Sra. Zafferano:

"Hasta hace apenas un par de siglos la gente no tenía corazón. Los mendigos se quejaban porque no recibían caridad, y los médicos también se morían de hambre, ya que guardaban en sus bolsos de visita estupendísimos fonendoscopios a los que no lograban sacar partido: por más que palpaban, ni un mísero chucuchú. Hartos de esta situación, los galenos realizaron un descubrimiento a la medida de su bolsillo, y a partir de entonces los humanos tuvimos corazón que ellos podían escuchar y palpar.

De esta forma también se pudieron dar de baja en el padrón municipal a muchas personas que fueron acusadas de estar completamente muertas porque en su interior no latía nada de nada.

Sin embargo no acabó ahí la progresión de la ciencia médica, porque los primeros corazones latían a ritmo continuo y no había parámetros que medir. Fue así como se realizó un segundo descubrimiento crucial para la historia de los médicos: la tensión. A partir de entonces, si vamos al médico, este nos puede clasificar en dos grupos: hipertensos e hipotensos (que son los que tienen tensión parecida a los hipopótamos). Tanto unos como otros se consideran anómalos, o sea, enfermos, por lo que recetar una pastillita o una batería de ejercicios es obligado.

Claro que algunos se saltan a la torera (brincando por encima de una vaca) la prescripción facultativa, y usan la batería de ejercicios para cocinar.

Si se cocina con una batería de ejercicios, lo más probable es que a uno le suba el colesterol. Se considera alimentación insana, por lo que se hace preciso recurrir otra vez al médico. El facultativo opinará que el colesterol está provocado por una excesiva ingesta de coles, que además provocan gases, y para esto lo mejor es una copita de anís.

El que empieza tomando una copita de anís después de las comidas acaba borracho como una pipa en una calle y ahí ya llega un señor con un Audi A8 a toda leche y lo atropella. Viene el médico forense y pone en el informe: "causa de la muerte desconocida", porque los médicos, desgraciadamente, no entienden nada de coches.

Y esta es la historia de la medicina moderna, cuyo relato dedico a la ínclita Sra. Nush M.D., que estudia el primer curso de medicina en una provincia especializada en la producción de peras y manzanas, gracias a lo cual ya es capaz de distinguir entre un hipertenso bailando en una discoteca y un hipopótamo revolcándose en un charco de fango.

¿O no?

21 enero 2008

Paquetitos y paquetones



Hoy ha sido un lunes negro para la bolsa, que baja y baja. Esto se predica de la bolsa del común de los mortales, no así de la bolsa de Beckham, que sube y sube y no para de subir. Estos días salen al mercado los condones bautizados con su ilustre apellido, pero la presión mediática ha sido soberbia semanas atrás, cuando se conocieron las fotos publicitarias para calzoncillos Armani: y ríase de su paquetito.

Tiene la versión calzoncillos negros y la versión calzoncillos blancos (no podía ser menos que un iPod). Pero ha sido la versión blanca la que y ha causado revuelo, polémica encendida, y más de un orgasmo en alguna dama sensible. Es la foto de arriba. Se la mostré a una amiga para ver qué opinaba y ella no me dijo nada, se le puso un nudo gordiano en la garganta y huyó a toda prisa, caliente como una locomotora de las que transportaban a los forajidos al Lejano Oeste.

El debate, como siembre, se celebró en la red, y los maledicientes foreros proclamaron que aquí había tongo, que dónde va ese tío con ese paquetón de elefante, que eso no es real como la vida misma (que es mucho más triste) y que Photoshop debió de tener alguna responsabilidad en ese bulto.

La amantísima esposa salió en defensa del calzonudo marido, que ella sabe de lo que se habla, que nada de Photoshop, que quién lo necesita. Que su David la tiene así de grande y más, que la tiene, para mayores señas, como el tubo de escape de un camión, y que además la usa, y que todas las noches, sin pausas ni barbechos, ella se arrima a su serrano cuerpo tatuado y él la premia con un glorioso embate de su mástil de tubo de escape.

Como pueden ver, el asunto es de calado, y de interés nacional. Sin no aclaramos bien la polémica sobre el tamaño de las bolsas de Beckham, corremos el riesgo de votar equivocadamente en las próximas elecciones, o invertir a destiempo en el sector inmobiliario. Nuestros escolares no necesitan ser bilingües, como propuso hoy no sé quién: lo que necesitan de verdad saber es lo que vale un peine y lo que mide el pene de Beckham.

Lo más curioso es que, a pesar de que esta polémica te la encuentras en todas las sopas de Internet, nadie se moja más de lo necesario. Ni el menor análisis de la cuestión, pruebas empíricas, etc. Para eso estoy aquí: para aportar nuevas luces a la oscuridad del paquete. Veamos:

A mí ese paquete no me parece un gran paquete. Yo miro y (sin ponerme verraco, como Victoria) lo que veo es un paquete de toda la vida, como quien dice. No creo que haga falta ningún Photoshop para inflarle los cataplines o la churra de este señor. Lo que ves es lo que hay (wysiwig). Es posible que hayan retocado los abdominales con sombras, porque yo le he visto la barriga al futbolista al acabar los partidos y no la tiene tan conformada. Pero lo otro no. Creo que lo que se produce es un efecto óptico, por un pliegue de las sábanas o de la camisa, que puede inducir a creer que lo que hasta aquel extremo opuesto llega es el bulto viril, y no las sagradas formas de la seda.

Para no quedarme en teorías, he realizado un experimento. Si usted desea repetirlo en su casa hágase con unos calzoncillos blancos de marca genérica y media docena de huevos de codorniz. También con una sandía de tamaño mediano. Vista la sandía con los calzoncillos y meta dentro dos de los huevines de codorniz. A continuación corte diez centímetros de la manguera del butano e insértela entre los dos huevos. Tome su cámara digital y dispare una foto: usted ya tiene su paquetón de Beckham particular. Si le apetece, es legítimo acariciarlo.

Victoria Beckham es una mentirosa compulsiva y una acomplejada. Y lo suyo no son las metáforas. ¿Qué es eso de que la tiene como el tubo de escape de un camión? ¿Sucia y tiznada? ¿De qué tipo de camión hablamos? ¿De un camión isotermo de Campofrío o del camioncito del repartidor de leche?

¡Y quién se va a creer eso de que todas las noches copulan con puntualidad inglesa! Por favor, vaya mentira podrida. Que por ser ricos y famosos no van a tener más libido que la del mísero pueblo llano. Estar salidos como conejos no es tan fácil. Y a estas alturas la parejita debe de estar más que aburrida de restregarse los tatuajes el uno contra el otro. Victoria ya debió de quedar más que servida de sexo en su época de chica picante. Y el futbolista también estará más que saciado de tirarle las pelotas a todo bicho viviente (modelito por aquí, modelito por allá). Llevan diez años de casados: les pasará como a aquel rey al que le gustaba mucho la perdiz, pero ¡es que perdiz todos los días! Y pienso yo, por otra parte, que estar por ahí, todo el día comprando ropa de marca, yendo a las peluquerías, uno llega a casa agotado, y luego que si bañar a los niños, hacerles de comer, poner dos o tres lavadoras, leer todas las revistas del corazón y toda Internet para ver lo que dicen de uno. Jolín, eso sí que debe de ser agotador.

Anda hombre. Y que me vengan a decir que después de todo eso Victoria todavía sigue pensando en un buen tubo de escape caliente…

Lo dicho. Todo es una farsa. Y ese paquete es real y normal. Dos huevines de codorniz y un trozo de manguera de butano de diez centímetros.

Si alguien pregunta por qué hacen falta media docena de huevos para el experimento, la respuesta es la siguiente: a mí, después de los procesos empíricos, me entra un hambre voraz, y la tortilla de huevos de codorniz no deja de ser un delicioso manjar.



14 enero 2008

El bricolador compulsivo




Cuando el hombre vivía en las cavernas poco se imaginaba que el progreso le iba a ocasionar un descomunal dolor… de espalda. Se me saltan las lágrimas con la estampa bucólica de aquellos poco más que monos peludos brincando entre peñascos, persiguiendo alimañas para llevarse a la boca, librando feroces batalles, gastándose la pulpa de los pies en sus interminables caminatas de nómadas. Eso sí: nada de lumbago. La espalda siempre en forma.

¿Y qué le queda a uno, hombre del siglo XXI? La oportunidad de correr detrás de bichos hediondos para luego comérselos crudos ya pasó a la historia. Ahora uno se gana el pan sentado en un sillón con ruedas y el único sudor es el que desprenden las yemas de los dedos en su inapetente teclear.

Algunos se desquitarán con los deportes. Pero los deportes son peligrosos y tarde o temprano se acaba con una pierna escayolada. Para cambiar una dolencia por la otra, me quedo con el lumbago, que al menos nadie tendrá la graciosa ocurrencia de echarme una firma en la rabadilla.

El peligro es el multisedentarismo. Si uno trabaja en oficina y no hace deportes, parece que ya está sentenciado. Pero no. El sedentarismo laboral y el deportivo no son tan peligrosos como el sedentarismo doméstico y bricolador. Porque hay tipos que no se dan cuenta de que su salvación está en las tareas domésticas y en el bricolaje. Ingenuamente contratan una chacha para que pase la fregona y limpie las cristaleras, mientras ellos se tumban en un sofá a incubar dolencias lumbares. La limpieza de los cristales es una actividad de lo más completa para mantener los músculos de la espalda en perfecta forma.

Los que hayan visto la serie House habrán visto como el sagaz doctor envía a su equipo al domicilio del enfermo para localizar posibles causas ambientales que ayuden al diagnóstico. Si yo fuera médico, antes que radiografías y carísimas resonancias magnéticas, me iría directo al domicilio del paciente y miraría los cristales del balcón: si están negros como el tubo de escape de un camión de Campofrío, entonces es bien seguro que el enfermo padece el llamado “mal del vago”, o sea, lumbago. Cuando uno limpia los cristales, la espalda se estira y se mueve en varias direcciones, y los brazos actúan vigorosamente en movimientos circulares (ya saben: dar cera, frotar cera).

Hace poco fui a colgarle unas lámparas a una compañera de trabajo y la cristalera estaba tan turbia que no pasaba la luz del sol. Se lo dije y comentó ingenuamente: “Es que yo creo que nunca la he limpiado”. “Y se nota”, le repliqué yo.

Pero es que hay gente a la que la limpieza del hogar no le nace. Mi madre, por ejemplo. A ella le encanta trabajar en las huertas, pero no dentro de casa. Si usted padece este llamado “síndrome de la mala ama de casa”, aún puede salvarse si se es aficionado a los juegos de cama: no de sábanas, debe entenderme. Me refiero a lo otro. Y es que follar vigorosamente también mantiene en forma el grupo de músculos de la espalda. Esto lo sabe perfectamente cualquiera que tenga el hábito (monjes incluídos). En cambio, si usted es de aquellos en los que el dicho de “el polvo del siglo” ha de interpretarse en su pura literalidad… entonces corre serios peligros de tener en baja forma su espalda.

Hay quien opina que follar da asco y es caro. Para quienes son de este parecer, la última baza a la que pueden agarrarse es el bricolaje compulsivo. Esto los salvará. Se puede ser sedentario laboral, sedentario deportivo, sedentario doméstico e incluso sedentario sexual: a condición de que se tenga una buena caja de herramientas… y se usen.

Esto del bricolaje es un mundo. Uno empieza y no tiene límite. La realidad supera la fantasía. Les puedo poner un ejemplo: Mi actual casa la llevo habitando diez años. La superficie útil de la vivienda propiamente dicha era, cuando la compré, de 90 metros cuadrados. Hoy en día me quedan apenas 70 metros, pues tantas capas de pintura le he aplicado que las paredes se me van acercando. He calculado que dentro de 30 años será inhabitable: ¡pero qué coño! Se compara otra nueva, que siempre hay más cosas que hacer.

Lo digo en serio: así como limpiar las cristaleras es la tarea doméstica que aporta un mayor beneficio para la espalda, pintar con rodillo es el ejercicio ideal para el lumbago. En una ocasión me vi obligado a pintar la azotea de mi madre, aún a pesar de mi agudo dolor de espalda. Sin embargo, cuando terminé dos horas después estaba completamente curado.

El bricolaje es así: uno empieza por un lado, y cuando termina por el otro ya se estropeó el primero. Las grietas son nuestras amigas. Los bajantes que se atascan. La puerta que chirría de nuevo, la muy bendita. ¿Y por qué no cambiar las lámparas para combatir el cambio climático? Unos horteras picaportes dorados invitan a la modernización. ¡Atrévase! Esa cocina no le dará la felicidad, Ikea tiene justo lo que usted necesita. Busque a un carpintero que le haga esos armarios, páguele un adelante y deje que se largue y lo estafe. Luego compre herramientas y fabríquelos usted mismo y siéntase orgulloso. ¿No le dan rabia esas manchas en el terrazo? Alquile un martillo electroneumático y arrase con él. Cuando coloque las nuevas baldosas déjelas torcidas para que dentro de cinco años le entren ganas de levantarlas de nuevo. ¡Y las juntas! Ay, amigo mío, qué buenas colegas son las juntas que siempre se estropean y te dan la oportunidad de tratarlas. Si compra una cama nueva, que sea de Bo Concept. Como tiene tantos tornillos seguro que varios de ellos crujen y chirrían: pasará meses intentando localizar la fuente del ruído, se volverá dulcemente loco con este entretenimiento. Ponga geranios en las barandillas, mátese a regarlos, compre jardineras, soportes, abonos, útiles de jardinero. Luego arrepiéntase. Tírelo todo a la basura. Lave las jardineras y regálelas a una compañera de trabajo para que ella ejercite su espalda por un tiempo.

En fin. Lo que quería decirles es que estos días estoy viviendo en una nube de felicidad porque, gracias a una publicidad de Internet, descubrí que Bosch ha inventado, por fin, una multiherramienta que lija, corta y tronza con total limpieza y seguridad. Ya la compré. Es lo que siempre había soñado en mi delirio bricolador. Es capaz de retirar las juntas de cemento de las baldosas sin levantar una nube de polvo. ¡Me voy a poner morado esta primavera! El movimiento de la máquina es vibratorio, no es peligrosa.

La multiherramienta de Bosch es la mejor amiga de un hombre… Bueno, si se decidieran a incluir un accesorio con forma de plátano quizás también pudiera llegar a ser la mejor amiga de una mujer...

06 enero 2008

Los enamoramientos de Ragebundo Pantriel


“Otro arrogante de mierda”, pensó el Dr. Quinteiros cuando Ragebundo Pantriel, nada más sentarse en la silla de su consulta psiquiátrica, comenzó a hablar:

-¿No adivina usted por qué he venido?- Esa fue la frase estúpida que tanto disgustó al doctor.

-Pues la verdad es que no. Pero usted dirá… Estamos para eso: para escucharle.

Entonces al desdichado Pantriel se le rayaron los ojos y comenzó a relatar su emotiva historia:

-¡Es que no tengo suerte con el amor! ¡Es que me he enamorado casi una docena de veces!

-¿Y cuál es el problema entonces? Replicó el doctor con impaciencia.

-¡Pues eso! Que… que… que… ¡Que aquí estoy!

Y ahí se bloqueó. No pudo expresarse. Parecía realmente abrumado. Se levantó y se fue contra la pared. Allí se quedó con el rostro congestionado hasta que el doctor lo invitó a tumbarse en el diván, y al rato pudo proseguir:

El drama era que ninguna chica le había correspondido en realidad. Ragebundo se quejaba de su propia ingenuidad y de su esperanza. Era muy tímido. La primera vez que se enamoró de una compañera de colegio ni siquiera se atrevió a decirle nada. Vivió el episodio con desesperación y lo asumió como una enfermedad, pero lo dejó pasar porque tanta emoción lo superaba. La segunda vez todo fue más normal. En una verbena del pueblo invitó a bailar a una chica que le gustaba. Y ella aceptó. Eso le sorprendió gratamente; pero el disgusto vino de nuevo cuando le propuso pasear otro día y ella no quiso. A pesar de ello, el bueno de Pantriel consideró el suceso un avance: “vamos entrenando”, se dijo ilusionado.

El siguiente amor significó otro avance. La chica aceptó salir con él. Fueron hasta tres citas las que tuvieron, y Ragebundo comenzaba a sentirse entusiasmado. Estaban en el cine y consideró que le correspondía besar a la muchacha. Pero ésta le atravesó el codo y le hizo una mueca que contrarió mucho a Pantriel: eso no era una señal de amor. Eso dolía mucho.

Pero Ragebundo era joven y, a pesar de su carácter melancólico, nadaba en vitalidad. Los tropezones le turbaban, pero emprendía la lucha con afán renovado. No había nada malo, pensaba para consolarse. Se trataba de la “educación sentimental”, como en la novela de Flaubert que tanto le entusiasmara. Y los hechos le iban a dar la razón, porque la siguiente chica de la que se enamoró sí le dejó que la besara. Eran unos besos un poco ñoños, pero para el principiante Pantriel tenían gran valor. Alimentaban su fe, aunque no bastaban para calmar las pasiones que ya comenzaban a despertársele en la parte recóndita de las vísceras. Una tarde, sentados en el banco de un parque, Ragebundo se atrevió a acariciarle el muslo de Ana Candelaria y le subió con nerviosismo el pliegue de la falda. Ya comenzaba a soñar con mullidas caricias cuando la joven, en una reacción casi automática, le propinó una bofetada.

Se ofendió mucho Ragebundo Pantriel, y se colmó de rabia y vergüenza por lo sucedido. No quiso saber más de aquella mojigata, que a pesar de todo pretendía continuar el noviazgo. Empezó a entender por qué sus amigos hablaban con frecuencia de lo raras que eran las chicas en general.

Pasados unos meses volvió a enamorarse, y se olvidó de todo lo que había sufrido y de los sinsabores porque esta vez parecía que el destino le abría los senderos y el amor se le ofrecía en bandeja. Se llamaba IC, era una joven con piel achocolatada y una nariz preciosa que aceptó bailar con él, salir con él, pasear de la mano con él. Y le permitió primero un beso tímido, y al poco muchos besos más atrevidos. Y la mano nerviosa de Ragebundo Pantriel pudo reptar pierna arriba, subir la falda, palpar el cojín mullido donde se escondía el secreto. Y tras varios intentos desastrosos y dolorosos, logró hacerle el amor de manera aceptable y ya se sentía brincando entre las nubles en un glorioso globo inflado dentro del cual estaba su gran amor que le estallaba dentro del pecho.

Cuando habían hecho el amor siete veces, Ragebundo consideró que era preciso dar un paso más. Se limitó a repetir los guiones de las películas hollywoodienses. Aquirió un anillo en una joyería y en una cena sorprendió a la muchacha y le pidió que se casara con él, ¡que la amaba! A la señorita IC le cambió el semblante: que cómo la podía querer si no la conocía lo bastante, que si era joven y el matrimonio… que vamos, que ni se le había pasado por la cabeza.

¡Jah! Ni se le había pasado por la cabeza. Al cabo de un año, IC se casó con un concejal del PP y al cabo de otro tuvieron un bebé apolítico. Por supuesto Ragebundo no volvió a verla desde aquella noche, que fue como la cima de la montaña y todo lo que vino a continuación fue un descenso a los infiernos. Perdió la fe en el amor el desdichado Pantriel. No entendía cómo en medio de la ilusión se pudo ir todo al traste, con el entusiasmo que había mostrado IC. Pero no sólo perdió la fe en el amor, también dejó de creer en los extraterrestres y en cualquier otra cosa que se relacionara con ellos: por ejemplo, la felicidad.

Fueron unos años muy duros. El episodio le pesaba como una losa de muerto, y la vida se le tornó a Ragebundo infumable. En medio de la desesperación y la desesperanza, intentó retomar sus procesos de enamoramiento, y a veces lo consiguió. Sin embargo, esas relaciones no llegaron muy lejos. Las muchachas terminaban ahuyentándose. Es probable que Pantriel no lograse disimular su rabia contenida y su trauma no superado.

La suerte de estos nuevos amoríos se tornaba decreciente. Al principio eran citas. Luego meras conversaciones y coqueteos que paraban ahí. Nada de sexo, nada de besos. Sin que Ragebundo se diera cuenta, llegó un momento en que las mujeres no le hacían el menor caso. No lo entendía, con el paso de los años él seguía deseando el amor, pero aquello ere curioso y bastante raro, pero es que ya hasta sonaba el portazo antes de que se aproximara siquiera al umbral.

Lo de Teresa Carrascosa fue la gota que colmó el vaso. Se la encontraba muchos días a la salida del instituto. Se enamoró perdidamente de ella. ¡Era tan bonita y tan sonriente! Le componía versos secretamente y no pasaba una noche sin que soñara con ella. Un día se decidió. Compró un ramo de rosas rojas y la esperó a la salida de clase. La abordó y pretendió hablarle, hacerle entrega de su presente. Pero a ella no le agradó el perfume de las rosas. Lo miró como si hubiera visto a la peste. Le tiró las flores al suelo, le dijo que se apartara, que estaba diciendo disparates. Balbuceó acongojado Pantriel, no daba crédito, aquello… aquello ¡era demasiado! Pero lo peor estaba por venir. Teresa Carrascosa marcó un número en su teléfono móvil y al cabo estaba allí la policía que apresó a Pantriel y se lo llevó a la Comisaría. El ramo de rosas lo requisaron como prueba. Lloraba Pantriel el desaire, el desamor, y la rabia de que la chica no sólo lo rechazara sino que además lo denunciara a la Policía. El juicio fue rápido y le impusieron una orden de alejamiento que obligó a Ragebundo a mudarse de casa, porque vivía cerca del colegio de Teresa Carrascosa.

-Y esto es lo que me pasa Doctor. Como puede ver, estoy al borde del colapso. A veces pienso que la cabeza va a estallarme. No lo soporto. Y es que no lo entiendo. ¡No entiendo por qué se me niega el amor! ¿Por qué me he enamorado tantas veces en balde? ¿Por qué le detiene a uno la policía por enamorarse? ¡Si yo no iba a hacerle daño? ¿Qué es lo que me ocurre, doctor? ¿Me va a recetar algo?

El Doctor Quinteiros se retrepó en su asiento y resopló como diciendo para su interior “hay que joderse”.

-Pues sí, le voy a recetar unas pildoritas. Tómese dos por la noche.

-¿Para qué son?

-¡Para dormir! Los viejos como usted es lo que deben hacer: dormir y dormir. No hay otra cosa.

-Pero… ¿Y qué es lo que me pasa? ¿Qué enfermedad tengo?

-Vamos a ver, señor Pantriel: ¿Dónde vive usted?

-En el Hogar de los Desamparados del Santísimo Cristo Redentor.

-MMM. Vale. ¿Y qué edad tiene?

-La misma que el Rey, doctor. Acabo de cumplir 70 años.

-Pues verá, señor Pantriel: ¿Se acuerda de aquel pasaje del Eclesiastés? Hay un tiempo para todo, y un momento para hacerlo bajo el cielo. Un tiempo para amar… y un tiempo para morir. Señor Pantriel, por el amor de dios, usted ya no tiene edad para amar. Usted tiene la edad para morir. Así que tómese las pastillas y duérmase. Pero no sueñe con muchachas, hombre, que la próxima vez lo van a meter en la cárcel.



30 diciembre 2007

De joven fui autista




Una cosa que poca gente conoce de mí es que de joven fui autista. Apenas hablaba y mostraba escaso interés por relacionarme con otras personas. Un hombre del pueblo se refería a mí como “el mudo”. Autista, sí. Como buen adolescente en la década de los 80, yo estaba loco por Luis Eduardo Aute: autista por vocación y afición. El síndrome “cantautor” aún coleteaba.

La biografía musical de Luis Eduardo es muy peculiar. Durante muchos años se dedicó a componer para otros, porque se avergonzaba de sus escasas cualidades vocales. Mientras Massiel recogía los frutos del talento ajeno entonando el Aleluya, él se torturaba interiormente con pensamientos del tipo “por qué esta voz, Señor, y no como la de Silvio Rodríguez”.

Pero cuando se decidió a grabar sus propios temas, se sorprendió al comprobar que a la gente le daba igual esa voz tan discapacitada. Las canciones contaban historias humanas, y los acordes melancólicos realzaban el efecto. Muchos jóvenes borrachos de aquella época remataban sus trancas canturreando “al alba, al alba”. Su éxito fue monumental. Las parejas alimentaban y acrecían su amor con los libretos de Aute (¿no eras tú aquella insolencia de latidos que encendía mis deseos más prohibidos?).

En mi caso, la canción que me marcó fue “No te desnudes todavía”. En los años 70 la única Televisión Española tenía un programa de teatro, Estudio Uno, o algo así. En una de las obras, un hombre maduro, solitario y sediento de sexo, se veía perturbado por la aparición de una adolescente alocada (una jovencísima Enma Suárez) que se comporta de una manera desvergonzada y provocadora (más o menos como afirma el Obispo de Tenerife que es la costumbre en algunos menores…). En un momento dado, ella se mete en la ducha, se desnuda, y a través de la mampara, el hombre maduro y sediento observa atónito, y se relame, y el espectador asimismo observa y se relame a través de la pantalla de televisión a la borrosa Enma Suárez acariciándose el cuerpo espumoso. De fondo, suena el famoso himno erótico de Luis Eduardo:

Cuando el deseo estalle
como rompe una flor
te quitaré el vestido,
te cubriré de amor
y en la espera te pediría:
No te desnudes todavía, no te desnudes todavía, no te desnudes todavía: ¡NO!

¡Y qué razón tenía el Sr. Aute! ¡Qué gran maestro de educación sentimental! Detesto a las mujeres que no bien han cruzado el umbral de la puerta ya se han despojado de las prendas mayores. ¡Y qué soberana decepción cuando bajo el vestido ni siquiera llevan bragas! Llámenme autista, llámenme antiguo, pero esa manía de desnudarse sin esperar a que el deseo estalle como rompe una flor, no me gusta nada pero nada.

Lo peor de Aute es que se nos puso viejuno de un día para otro y ahora está que espanta. Esta noche me lo encontré en El País Digital. El cabrón se parece todo a Luis Aragonés. Si se cuidara un poco. Pero no. No le basta torturarnos con sus arrugas naturales: es que no se esfuerza en afeitarse un poquito, o en cortarse el pelo, teñírselo. Uno espera algo más de un artista. Al natural al natural no se puede ir así, hombre, que espanta.

Decidí dedicarle este post para agradecerle la educación sentimental que me ha dado, pero también para pedirle un poquito de por favor, que lo que dice en la entrevista lo deja a la altura de los que padecen el síndrome X frágil: o sea, medio tonto del nabo. Afirma el cantautor, sin sonrojarse, que no usa ordenador, porque hace diez años lo intentó, estaba escribiendo un guión de película pero se le borró por accidente y entonces decidió que nunca más. Que si tiene que buscar algo se lo pide a las personas que le rodean, pero que a él, el ordenador, LE ASUSTA, dice que teme apretar una tecla equivocada y… Y lo mismo le pasa con el móvil, que tuvo tres pero que los perdió y que ahora prefiere que le llamen a los móviles de las personas que siempre le rodean, pero que LE ASUSTAN, porque siempre que suenan piensa que le van a dar una mala noticia.

Muy asustadizo le veo al viejo cantautor. Igual lo de ir tan peludo es porque LE ASUSTAN las tijeras (“siempre pienso que me van a corta una oreja”), y lo de ir tan barbudo es porque LE ASUSTAN las maquinillas de afeitar (“siempre pienso que me van a cortar un ojo, como a la vaca de la película de Buñuel”).
Lo dicho: síndrome X frágil.

Y por favor, que alguien le informe a Luis Eduardo que es más fácil encontrar rosas en el mar que perder un archivo en el ordenador: siempre, claro está, que se cumpla el protocolo de las copias de seguridad (tontín).

17 diciembre 2007

The love boat




Hay una cosa en mí que no entiendo muy bien: tengo muy poca habilidad para ligar y es poco frecuente que arrastre a una dama hasta el tálamo. Sin embargo, hay una excepción: los barcos sí se me dan bien. Será porque aquella serie de televisión que ponían cuando era pequeño, “The love boat”, me dejó inspirado y predispuesto para el amor en alta mar.

Llevo más de veinte años haciendo el trayecto en ferry de Tenerife a La Palma y viceversa. La servidumbre del coche así lo impone. Los barcos de antes no fomentaban precisamente las relaciones sociales. Como el viaje era nocturno y duraba siete horas, tomaba un camarote y procuraba dormir para no enterarme. Pero luego llegaron los Fast Ferry o catamaranes de Fred Olsen, que hacen el trayecto en dos o tres horas y uno viaja en una especie de auditorio gigante, con capacidad para más de mil pasajeros en butaca, pero casi todas vacías. Ahí no hay lugar para la claustrofobia, y lo difícil es elegir un asiento para acomodarte rodeado de soledad: ¿es mejor la proa o la popa?

Mi sentido común me inclina a pensar que el centro del barco es lo mejor, para evitar los meneos si hay olas fuertes. Como buen animal de costumbres, siempre me voy directo a “mi butaca”. En el antiguo Benchijigua Exprés esa butaca quedaba justo al lado de la tienda de souvenirs, una burbuja de cristal bien iluminada donde se pueden comprar chocolatinas, revistas y miniaturas hinchables de la propia embarcación (que se pueden usar, en casos de justificada necesidad, como juguete sexual, ya que los propulsores dejan unos huecos que parecen practicables…).

En la tienda de souvenirs hay siempre una azafata rubia, perfectamente uniformada con falda midi azul, medias de seda y tacones de aguja. El Sr. Fred Olsen tiene una política de selección de personal muy acertada, ya que contrata sus azafatas no por el principio de mérito y capacidad (que se sigue, por ejemplo, en la Administración pública), sino por el principio de “cuanto más rubia y cuanto más buenorra, mejor pal cliente”.

Y ¡qué razón tiene el Sr. Fred Olsen! De ordinario el trayecto de tres horas se me convierte en un suspiro. Mirando extasiado, y con disimulo, las piernas de la azafata, sus rodillas puntiagudas y armoniosas, el tiempo pasa volando. Normalmente me basta con eso. No hay que ser pretenciosos. Tener una fantasía bien armada da mucho juego, y puede durar años. En cambio, si intentas abordar a una mujer de esta categoría, las posiblidades de perder son muchas. Reconozco que a menudo estoy más interesado en el fetichismo que en la posibilidad real de llevar una mujer a la cama.

Pero en una ocasión tenía interés en que me explicaran qué diferencia existe entre viajar en Clase Normal o en Clase Oro. Sabía que a los de Clase Oro los meten por una puerta especial, pero no se ve desde afuera qué es lo que hay dentro. Si la única distinción de esa sala Vip es tener que ir sentado al lado de un político, ¡menuda mierda de clase oro! Pero la azafata, cuyos ojitos me parecieron sartenes hirvientes mientras me miraba, me explicó que allí servían bebidas y había revistas y periódicos a disposición de los clientes, y que todo eso estaba incluido en el precio adicional de 6 Euros.

-¿Y eso es todo? Respondí yo, con cierta decepción.

-Bueno, si usted tiene alguna sugerencia estaremos encantados de comunicarla a la gerencia.

Y entonces tuve un momento de inspiración:

-La verdad es que sí, que estaba pensando en algo muy específico. Verá, señorita, llevo más de una década viajando con ustedes, y veo una razón muy clara de por qué la ubican a usted, y a las otras como usted, en esta burbujita de cristal en el centro del barco: es porque usted es hermosa como una fuente, y a una fuente se la coloca siempre en el centro de la plaza, para que pueda ser admirada. Cuando más la admiro, más se incrementa mi sed. Créame, señorita, que llevo muchos años con esta sequedad. ¿Puede ver mis labios? Sinceramente, si yo pago seis Euros de más por entrar en esa sala Vip, quisiera encontrarme con algo más que un zumo de naranja. Lo que yo quisiera es refrescarme con las aguas de la hermosa fuente que es usted.

Todo este truco, como ustedes comprenderán, produjo el efecto esperado (siempre, siempre produce el efecto). La rubia azafata de Fred Olsen se puso roja y reía como un acordeón despendolado. Por supuesto estaba encantada con un piropo tan rebuscado y tan petulante. No era lo habitual. Ella, después de todo, era una chica sencilla a la que los fines de semana media docena de hombres le decía folla conmigo antes de las doce de la noche (el límite de las guapas).

¿Y cómo termina esta historia? Pues bien, Gaudencia del Carmen, que así se llamaba la azafata de Fred Olsen, me dio su número y yo lo anoté en el móvil. Ese fin de semana, y varios siguientes, yo refresqué mi sed en la voluptuosa agua de su fuente imaginaria. Luego hubo otros viajes, y mil historias que sería pesado contar. Cuando el barco del amor suelta las amarras, todo puede suceder.


09 diciembre 2007

Salvemos las vaquitas hediondas




Los científicos no se resignan a perder sus casas de verano en la playa, y se han puesto a trabajar a destajo para luchar contra el cambio climático. Ayer saltó al fin una noticia esperanzadora. Parece que han encontrado un remedio increíblemente eficaz para evitar el calentón global.

Lo que han descubierto es que los canguros albergan en sus intestinos unas bacterias que son hachas haciendo la digestión. Lo aprovechan todo (como hacemos nosotros con los cerdos). Al contrario que sus hermanas las vacas, los canguros no expelen metano como producto residual de la digestión. Esto viene a ser más o menos como las compresas Ausonia: ¿A qué huelen las cosas que no huelen?

Las vacas y las ovejas, sin embargo, al parecer son tan hediondas que sus flatulencias de metano nos van a llevar por el camino de la amargura. Los coches son ángeles comparados con las vacas, afirman los científicos. Hay que acabar con las vacas y las ovejas, han propugnado algunos. Nooooo. No puede ser. Necesitamos leche, queso, yogur. Lana para nuestros jerseys.

En una empresa de biotecnología de Sudáfrica el investigador jefe tuvo esta semana una ardorosa gastroenteritis que le mantenía postrado. El médico le recetó Ultra Levura. ¿Y qué es eso? Pues son microorganismos que reemplazarán a la flora bacteriana que has perdido con la cagantina. Al investigador se le encendió una bombillita:

-¡Eureka! ¡Lo encontré!

Y lo que propuso para salvar a la humanidad del efecto invernadero es insuflar en las tripas de las vacas bacterias digestivas de los canguros, con un doble resultado: las vacas necesitarán menos pienso y menos yerba, lo que abaratará los costes de producción, y serán unas vacas limpias, sin flatulencias. Dejarán de verter metano a la atmósfera. Y la humanidad se salvará.

Me quedé de una pieza. El invento es de un ingenio insuperable. Sencillo pero eficaz. Aunque me quedo con una duda: ¿No sería más operativo prescindir de las vacas y ordeñar a los canguros? Leche de canguro. Yogur de canguro. Queso de canguro. No suena mal.

La técnica me gusta, pero yo dejaría en paz a las vacas. Lo del efecto invernadero no lo veo nada claro, y mucho menos que sean estos amorosos aunque hediondos animales los responsables. Las vacas han estado en la tierra desde los albores de la humanidad. Sus flatulencias no molestan a nadie, ya que son dadas a vivir en aireadas praderas o establos.

En cambio, el metano de los hombres sí que representa un problema de orden público. Recientemente se publicó una estadística de los divorcios en Atlanta (EEUU). El 37 por 100 de las mujeres demandantes de separación alegan como causa el meteorismo de los maridos, y el 24 por 100 la halitosis, muy por encima de otras circunstancias como la infidelidad, el alcoholismo o la ludopatía. Los hombres, en cambio, suelen alegar otros motivos como la inapetencia sexual de la pareja, la obesidad o una desagradable forma de estornudar parecida a la de los gatos.

Y no es de extrañar, ya que mientras las vacas rumian al aire libre o en ventilados establos, los matrimonios duermen en habitaciones de 12 metros cuadrados, donde en una noche es fácil que se acumule metano en valores superiores al 25 por 100, concentración que se considera intolerable. En algunos estados americanos las autoridades exigen en los dormitorios rejillas de ventilación para los gases.

Imaginen lo que supondría incorporar la flora bacteriana del canguro a los hombres. Esto salvaría a muchas parejas de la debacle del divorcio, y los obispos dormirían felices por partida doble: por aquello de la indisolubilidad del matrimonio y porque ellos mismos se verían libres de los incómodos apretones de vientre.

No sé qué efectos secundarios tendría para los humanos la flora digestiva de los canguros. Tal vez de repente nos sorprenderíamos dando saltitos, tímidos al principio, poderosos más tarde. Los padres irían a buscar a sus hijos al colegio sin coches, solamente dando brincos. Y los niños se meterían en unas bolsas de plástico atadas las barrigas, para viajar con papá canguro.


Pero pensándolo mejor, da un poco de miedo esto de empezar a mezclar. Cualquier borracho sabe que no es bueno. A mí me gustaría no tener que preocuparme de comprar zapatos y de limpiarlos y atarlos y ponerme calcetines. Me sería mucho más cómodo tener pezuñas como las cabras. Pero por muy útil que nos sean las pezuñas, resultaría grosero que los humanos nos apropiáramos de ese rasgo anatómico, pidiéndoles prestados algunos genes a las cabras.

Dios se lo advirtió a Adán y Eva cuando los colocó en el Paraíso: podéis comer de todos los árboles, pero el árbol de la vida os estará prohibido y no deberéis tocarlo. Creo que está claro que se refería a la puridad genética de las especies. Hay que atenerse a lo que la evolución ha ido decantando. No se puede enmendar la plana a los de Madrid, como quien dice. Si las vaquitas llevan millones de años tirando pedos, algún sentido tendrá eso. ¿Y si las vacas fueran las estufas naturales del planeta? ¿Y si su misión fuera precisamente calentar la atmósfera?

En 1991 la erupción del volcán Pinatubo, en Filipinas, produjo un enfriamiento global de la temperatura de 0,5 grados. Y es solo un ejemplo. ¿Qué pasaría si dentro de diez años ocurre alguna explosión volcánica de gran magnitud y nos pilla de sorpresa, con las vacas totalmente descargadas de metano? ¿Cómo sobreviviríamos a al crudo invierno volcánico?

Es preciso salvar las vaquitas hediondas. Dejémoslas con sus gases. Tal vez nos hagan falta.

02 diciembre 2007

Cambio climático lunático


Tengo que hacer una confesión pública. Si fuera político no podría: me rajarían vivo como rajaron a Rajoy, al que casi le dan por toda la raja. Mi confesión es:

-Hola, me llamo Sr. Ingle y me patea el culo el cambio climático.

No soy partidario del cambio climático. Al menos no del cambio climático que vivimos, que es inventado. Una moda pasajera. Y tengo ganas de decirlo:

-Al Gore, ahí te pudras, embustero.

Y otra confesión que quiero hacer:

-Hola, me llamo Sr. Ingle y adoro el CO2. Es parte de mi vida, lo llevo dentro.

Aquí no hay ningún cambio climático. Llueve y hace calor, como siempre ha sido. Unas veces estamos calientes, otras inapetentes. El único que está cambiando es Al Gore, que está pasando de pobre solemne a desvergonzado millonario, gracias a los ingresos de su película. Y como los periodistas se han dado cuenta de los pingües beneficios que acarrea ser acólito del cambio climático, ahí están, mareándonos y amenazándonos 24 horas al día siete días a la semana.

Señores idiotas: una playa que se ha formado en millones de años no puede desaparecer en cincuenta años, ni aunque se deshiele el Ártico ni aunque mi vecina descongele su frigorífico Kelvinator. ¿Qué problema hay en que se derritan los casquetes polares? Está demostrado empíricamente que una persona puede vivir sin casquetes, porque hay alternativas al alcance de la mano.

Estamos llegando a extremos ridículos, esto es el cuento del vestido nuevo del rey, y nadie se atreve a decir que el rey va desnudo. Esta semana afirmaban en un informativo regional que los atunes habían desaparecido de las aguas de El Hierro por el cambio climático: y digo yo, ¿no será más bien que los esquilmaron los pescadores con sus redes? Porque si hace más calor, un atún se podrá aliviar con un ventilador comprado en Alcampo, como todo el mundo, digo yo, aunque sea pez podrá hacerlo. Sólo nos queda que las inexplicables lluvias de ranas las achaquen ahora al cambio climático. No me jodan: lluvias de ranas ha habido desde que el hombre es hombre y la rana croaba en una charca.

Se han vuelto locos a comercializar aparatos que miden nuestra emisión de CO2. Y la gente ya no sabe qué medir para ser más original. Un tonto del nabo ha dicho por ahí que por leer una página web lanzamos a la atmósfera la espeluznante cantidad de 1 gramo de este gas demoníaco. Es horrible, qué culpable me siento. Voy a cancelar el blog para contribuir a la salud del planeta.

Esta mañana me desperté inquietado por la noticia de que en la ciudad estadounidense de Milwaukee (Winconsin) una persona murió aplastada por una tonelada de CO2. Se trata de un sujeto de raza negra que cruzaba desprevenido una calle y en ese instante se le vino encima la tonelada. Por ahora se desconoce la identidad del responsable de la emisión. La policía está tras la pista de una señora que usa mucho el horno porque le gustan los kekes.

Al paso que vamos van a acabar como los curas: nos harán creer que emitir CO2 produce ceguera, como la masturbación. Bueno, un amigo mío se quedó ciego maturbándose, esto es verdad. Claro que él iba conduciendo en ese instante a más de 120 por hora.

¿Por qué les ha entrado esta perreta contra el CO2? Antes se hablaba de la contaminación en las ciudades. La contaminación es un enemigo lógico. Pero ¿el CO2? Por dios, ¡si ni siquiera huele mal! Si algo apesta, es malo. Pero si no apesta yo al menos le daría el beneficio de la duda.

De todas formas me alegro de que se estén poniendo las pilas. Lo que sí me interesa es que se cambie el modelo energético. No tiene que existir la amenaza de un cambio climático para que enterremos de una jodida vez la costumbre bárbara de quemar el muslo podrido de un dinosaurio para que funcione nuestro coche y nuestras bombillas. Pero si a ellos lo que les mueve es esa mentira del CO2, por mí vale. Me alegro. ZP ha dicho que adoptará medidas legislativas. La ley lo puede todo, incluso cambiar un hombre y mujer. ZP ya lo hizo al legislar para que un hombre se case con otro hombre y se homologuen los agujeros de todos los tipos. Ahora toca obligar a que se cambie el modelo energético.

Yo deseo conducir un coche eléctrico antes de morirme. Creo que es mi única gran meta. Lo demás no me importa. Pero no quiero abandonar este mundo sin saber lo que es una ciudad llena de tráfico sin ruido y sin gases contaminantes. Una ciudad en silencio. Un transporte suave, sin brincos, sin vibraciones. Escuchando la música en silencio dentro de cápsulas que se deslizan como botones en un charco de aceite. Quiero conducir un coche como el de la foto.

Ocurrirá como con los televisores planos. De un año para otro desaparecieron de los escaparates aquellos trastos con panza de los que nadie se acuerda. Los coches eléctricos están al alcance de la mano, y la energía limpia también. El hidrógeno.

Dicen que un coche que funcione con hidrógeno sólo produce emisiones de vapor de agua. Qué guay, dirán algunos. Pero no tan guay. ¿Alguien ha pensado en una autopista de cuatro carriles en hora punta llena de coches que expulsan vapor de agua ardiente? Sería como pasar por un túnel de lavado. La visibilidad estaría comprometida. Supongo que tendrían que hacer como en las secadoras: los coches llevarían un depósito para recoger el agua residual, una vez condensado el vapor.

Esto quiere decir que los coches del futuro mearán como los perros. En algún momento se llenará el depósito de agua y tendrán que arrimarse a algún árbol, levantar una de las ruedas traseras y mear a gusto. Ahora entiendo por qué se han ido plantando árboles al borde de las carreteras: pensando en los futuros coches de hidrógeno.




25 noviembre 2007

Mujeres de culo en pompa




Una amiga mía, que siempre se había considerado “culona” (supongo que con orgullo), tuvo que hacerse un reconocimiento médico general. Se llevó una sorpresa cuando el traumatólogo, a la vista de la radiografía, le diagnosticó una lordosis, enfermedad que se caracteriza por una rotación anterior de la pelvis, que causa un aumento anómalo de la curvatura lumbar. La columna se incurva hacia delante y, como resultado, ¡oh, agradable sorpresa!, los glúteos se vuelven prominentes.

Los médicos la consideran una enfermedad, que puede ser de origen genético.

Los traumatólogos son así de cabrones. El de mi amiga, por ejemplo, en lugar de decirle que tenía un culo de lo más sexy, va y le espeta que padece una deformación, una anomalía, una enfermedad. Se ensañan con todo el mundo. Yo mismo he tenido la ocasión de sufrir la embestida de uno de estos House de pacotilla. Fui a un traumatólogo porque me dolía la espalda, me hizo una radiografía y no perdió tiempo en restregarme por la cara que mi coxis (o rabo) tiene ciertas deformidades congénitas. Mi hermana también salió bastante malparada de un traumatólogo, que le detectó una pierna más corta que otra: imaginen, uno paseándose por ahí con la cabeza alta (la de quien se sabe correcto y bien formado) y de repente pasa a engrosar las filas de los cojos o de los que tienen protuberancias extrañas en el rabo.

Deberían callarse estas chorradas. Ellos saben que esas anomalías las tiene casi todo el mundo, y que ni se notan ni tienen consecuencias apreciables para la salud.

No se si se habrán fijado pero hay una buena porción de mujeres con el culo en pompa, que son precisamente esas que padecen lordosis. En las africanas es norma. Por el contrario, jamás he visto una china que tenga un culo apreciable. Si voy a los restaurantes chinos es porque me gusta la comida, no por la esperanza de tropezarme con un bonito culo.

Y ojo. No se trata de tamaño, sino de prominencia. Una mujer muy delgada puede tener el culo en pompa y lucirlo con total solvencia. La de la foto puede ser un buen ejemplo de estas mujeres de culo llamativo. Si las miras por delante es como si pretendieran escamotearlo. Si las miras por detrás, es como si quisieran ofrecértelo. En algunas ocasiones da la impresión de que extienden el culo hacia atrás para que venga una mariposa y se pose justo ahí, en la comisura de las nalgas. ¡Jesús! Escribir estas cosas le pone a uno como una estufa. Qué desgracia.

Yo no calificaría la lordosis femenina como una enfermedad, sino como un rasgo evolutivo. En su origen, pudo ser una desviación, una anomalía genética causada por una mutación. Pero esa anomalía, sin duda, benefició a las hembras que la padecieron. La cosa pudo ocurrir así:

Podemos imaginar al hombre y a la mujer primitivos, en la noche de los tiempos. Eran poco más que animales peludos. El hombre se dedicaba a la cacería, y su visión era muy precaria. Reconocía las siluetas en la distancia, pero no los finos detalles. ¿Cómo tenían lugar los encuentros sexuales? El hombre andaba entre las zarzas, en busca de alguna alimaña que llevarse a la boca. De repente distingue a lo lejos la silueta de una mujer agachada, recolectando moras, el culo en pompa. Y claro, el macho se pone como una estufa ante ese cuadro, se le llena la boca de espuma, se dirige a la hembra, la aborda por detrás, la sujeta y la cubre. Treinta segundos y misión cumplida.

Es decir, con lo cegatos que eran los machos primitivos, el que las mujeres tuvieran un culo prominente ayudaba a ser localizadas y distinguidas como hembras. El culo indiferenciado sólo podía haber conducido a un resultado nefasto: a la cópula contra natura, macho contra macho.

Las mujeres lordóticas lograron una ventaja evolutiva. Los machos las reconocían con más facilidad y, por ende, las cubrían. Las mujeres de culo retraído a menudo se quedaban sin pillar cacho. Es por esto que, lo que en principio nació como una anomalía genética, terminó convirtiéndose en una ventaja evolutiva.

Hace unos días, en un documental, escuché que el erotismo femenino representa la gran potencia del universo. Dicho así, suena un poco machista. O tal vez ofensivo para el hombre: ¿Por qué el erotismo femenino es la gran potencia y no lo es el erotismo masculino? Pero lo entendí. Lo que quería decir esa afirmación es que… bueno, el macho posee la potencia fecundadora, pero para poder usarla necesita que su pasión sea encendida. Y ahí es donde entra en juego el erotismo femenino. Si la mujer, con sus recursos de seducción, no es capaz de encender la llama, el futuro de la humanidad corre peligro.

A mí no se me ocurre mejor mechero que un bonito culo en pompa y una espalda cóncava. Me imagino a esa mujer agachada, recolectando moras en un zarzal, y yo sudoroso, peludo, con mi lanza de cazador. La veo a lo lejos y la reconozco y pienso: “Ah, esta zorra quiere guerra”.

Así que ya lo saben: Bienaventuradas seáis, mujeres de culo en pompa, porque vuestros nietos y los hijos de vuestros nietos heredarán la Tierra (bueno, la Tierra excepto la parte de Asia, porque aunque las chinitas no tengan culo que valga la pena, los chinitos son tan afanosos y tan chingones que aceptarían hasta el agujero de una lata de Coca Cola como animal de compañía).